En la era del clic, la verdad estorba

Puebla /

La desinformación no nació con el internet.

Antes de los algoritmos y los bots, ya existían los rumores impresos en tinta. La máquina de escribir también cometía errores, la diferencia es que entonces los errores viajaban en bicicleta y ahora lo hacen por jet privado.

Durante años, muchos periodistas intentamos blindar el oficio con rigor, como nos enseño la vieja escuela, con dos fuentes, documentos y contexto. Publicar menos, pero publicar mejor. Sin embargo, la nueva lógica digital cambió la ecuación donde se agrega velocidad y la búsqueda de likes, que sustituyó a la confirmación; y la Inteligencia Artificial terminó de dinamitar la frontera entre lo cierto y lo fabricado.

En Puebla hemos tenido ejemplos dolorosos. La tragedia en el Sala de Despecho, donde tres jóvenes inocentes perdieron la vida, desató una avalancha de versiones. Cada quien tuvo su teoría. Hubo detectives de teclado, ministerios públicos virtuales y jueces exprés. Las redes dictaron sentencia antes que la autoridad.

Después vino el caso del matrimonio Tello Ruiz. La información verificada competía contra el morbo viral.

Y en el plano nacional, el operativo contra El Mencho y la violencia posterior en 20 estados exhibieron el mismo patrón de versiones encontradas, comunicados contradictorios y autoridades descoordinadas. Mientras unos desmentían, otros confirmaban. Mientras unos pedían calma, otros encendían la alarma.

La infodemia no solo confunde, sino que polariza, desgasta y lastima la confianza pública.

Pero no toda la culpa es de quien publica sin verificar. También hay responsabilidad en quien declara sin precisión. Cuando una autoridad dice una cosa y horas después otra voz oficial (del mismo nivel o mayor) sostiene lo contrario, el terreno queda fértil para la especulación. Si desde el Congreso, el Cabildo o las dirigencias partidistas se lanzan datos sin sustento, el caos se multiplica.

La verdad no puede competir en una carrera de velocidad, sino que necesita método.

Combatir la desinformación es tarea compartida del periodista que investiga, del político que informa con claridad y de la audiencia que decide a quién creerle.

Porque en tiempos de ruido, la credibilidad es el único patrimonio que no admite improvisaciones.


  • Alberto Rueda
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