Golpe en la mesa

Puebla /
Únete al canal de Milenio

El verdadero mensaje que Morena pretende enviar tras el escándalo protagonizado por las diputadas poblanas Nay Salvatori y Grace Palomares no está dirigido a ellas, sino al resto de la militancia.

La dirigencia nacional encontró un caso perfecto para demostrar o hacer parecer que, a partir de ahora, los excesos tendrán consecuencias.

La advertencia es que quien se convierta en un problema para la marca puede despedirse de una candidatura en 2027. Para muchos políticos, esa amenaza pesa más que cualquier sanción administrativa porque fuera de la nómina pública hay un mundo que varios nunca aprendieron a conocer: el del trabajo.

El problema aparece cuando se compara la severidad de este caso con otros mucho más delicados.

Resulta difícil entender que unos comentarios irresponsables puedan conducir a una expulsión, mientras personajes señalados por presuntos vínculos con el huachicol fiscal, acusaciones de cercanía con grupos del crimen organizado o cuestionamientos por enriquecimiento inexplicable sigan caminando con absoluta tranquilidad dentro del movimiento.

Ahí es donde la narrativa pierde fuerza. Porque la vara con la que hoy se mide a Salvatori y Palomares no parece ser la misma que se ha utilizado para otros casos que han golpeado con mucha mayor intensidad la credibilidad de Morena. La disciplina del partido termina pareciendo más severa con quien genera un escándalo mediático que con quien enfrenta señalamientos de mucho mayor peso.

Aun así, el episodio marca un precedente.

Más de un morenista comenzará a calcular mejor el costo de cada declaración, de cada transmisión en redes sociales y de cada ocurrencia frente a una cámara. Puebla, por cierto, ha aportado suficientes ejemplos recientes de cómo una mala decisión puede convertirse en una crisis política. Ahí están los casos de Natalia Suárez del Pilar o del alcalde de Chignahuapan, Juan Rivera.

Y, sin embargo, detrás del discurso de mano firme también comienza a asomarse la operación política.

Mis fuentes aseguran que Nay Salvatori prácticamente está sola y que, si prospera su expulsión, el siguiente paso sería dejar también la curul. Distinta sería la historia de Grace Palomares. En su caso, desde la Ciudad de México ya comenzó una discreta operación para contener el daño y construir una salida que le permita sobrevivir políticamente.


  • Alberto Rueda
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite