La liturgia de la “pinche señal”

Puebla /
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En Morena Puebla dicen que todos están unidos, hasta que hay una candidatura de por medio.

Entonces comienzan las interpretaciones, las fotografías, los mensajes entre líneas, los placeos, los aplausómetros y ese deporte que tanto apasiona a la clase política buscando descubrir en cada palabra del gobernador Alejandro Armenta “la señal”.

Si aparece con alguien, ya lo destapó.

Si elogia a alguien, ya decidió.

Si manda a alguien en su representación, es el bueno.

Si una aspirante es oradora principal, es la buena.

Si le levantan la mano, ya declinaron.

Si alguien canta frente a decenas de personas, prácticamente ya puede ir encargando las lonas.

La “pinche señal” todos la buscan pero hasta ahora, nadie la tiene.

Puebla deberían conocer perfectamente los riesgos de adelantar el reloj.

Ya ocurrió cuando Miguel Barbosa cometió el error (como todo su gobierno) de abrir demasiado pronto el juego sucesorio. Los grupos se acomodaron alrededor de los aspirantes y comenzó una batalla interna que terminó por dividir al barbosismo.

Ahora el escenario es diferente, pero los síntomas empiezan a parecerse.

Y cuando los integrantes de un gabinete comienzan a mirar más hacia la siguiente elección que hacia la responsabilidad que actualmente desempeñan, los gobiernos suelen empezar a perder concentración.

Después vienen los equipos, luego los grupos y más tarde las filtraciones, para finalmente hacerse presentes las traiciones.

El problema para Morena es que esta vez hay demasiados intereses alrededor de una sola silla.

Algunos aspirantes han comenzado a entender que los números quizá no les alcanzan y otros se topan frente a un obstáculo de la línea presidencial contra la reelección.

Al final, el misterio es ¿quién manda en Morena?

Tienen frente a sí un problema que suele aparecer en los partidos cuando acumulan demasiado poder y surgen más aspirantes que espacios.

Todos creen merecer algo, aseguran tener estructura, presumen encuestas, tienen amigos en México y por supuesto, todos dicen contar con el respaldo del gobernador, quien hasta ahora, no parece haber entregado públicamente la bendición definitiva a nadie.


  • Alberto Rueda
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