Unas palabras por la muerte del maestro Willie Colón.
Antonia Pintor, la abuela puertorriqueña que lo crio, le habló desde el principio de la importancia de “la guapería”.
—Willie: en el mundo el que no guapea, no sale adelante, mijo.
“Guapear”, en el Caribe, es frentear a los que vienen a montarla. Si en el colegio un niño más grande te atraviesa el pie para que te caigas, tienes un problema y debes resolverlo. Puede que al guapear pierdas la pelea, pero eso sí: te ganarás el respeto y nunca más volverán a joderte.
Willie siguió el mandamiento al pie de la letra, y se hizo respetar en el duro sur del Bronx.
Su abuela le enseñó otra acepción del verbo “guapear”: plantarse firme ante las dificultades. Tratar de convertirlas en un reto. Si hay hambre, guapeas; si se demoran las oportunidades, guapeas. Fue lo que él hizo. Cuando empuñó el primer trombón descubrió que a punta de música podría transformar su realidad. Eso también fue guapear.
Entonces se volvió un virtuoso, y así llegó a la cuarta acepción del término: guapear es también mostrar una solvencia casi ofensiva en lo que se hace. Cuando Willie hacía música, su enorme música, su inolvidable música, llegaba a unas alturas que a los demás les quedaban muy lejos.
Y por eso, cuando Willie se saca de la manga uno de sus solos sublimes y los demás le pedimos que guapee, lo que estamos haciendo es celebrar su incomparable genio creativo.
Paz en tu tumba, maestro.