Rumbo a Dakar 2026

Ciudad de México /
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A días de que comiencen los Juegos Olímpicos de la Juventud, hay dos emociones que me acompañan: felicidad y nostalgia.

Hace 12 años era yo esa adolescente que preparaba su maleta, empacaba sus trajes de baño y, sin darse cuenta, guardaba también sueños, ilusiones, años de esfuerzo, nervios, expectativas, presión... Estaba por representar a México en Nanjing 2014.

Mi historia fue un poco diferente. Antes de vivir unos Juegos Olímpicos de la Juventud, ya había competido en Londres 2012, en unos Juegos Olímpicos de mayores. Sin embargo, Nanjing tuvo algo especial, algo distinto. Porque hay experiencias que, sin importar cuánto hayas vivido deportivamente, llegan para enseñarte algo nuevo.

Los Juegos Olímpicos de la Juventud son una oportunidad única. No sólo por el privilegio de tener la edad indicada en el momento justo, sino porque llegan en una etapa en la que estás descubriendo quién eres y quién quieres llegar a ser.

Son un escalón importante en la preparación deportiva, pero quizá uno todavía más grande en la vida. Te permiten conocer el mundo más allá de lo que hasta ese momento conocías, descubrir otras culturas, crear amistades, escuchar historias y entender que, aunque venimos de lugares diferentes, los sueños pueden hablar el mismo idioma.

Y mientras descubres todo lo que existe afuera, también comienzas a descubrir mucho de lo que llevas dentro.

Hoy, 12 años después, miro hacia Dakar 2026 con una emoción especial. Por primera vez, el continente africano recibirá unos Juegos Olímpicos, un momento histórico para el deporte y para miles de jóvenes que están por vivir una experiencia que seguramente recordarán toda su vida.

Pero Dakar busca ser mucho más que una competencia. Hoy existe una intención muy clara de formar atletas que sean grandes dentro de su disciplina, pero también fuera de ella. A través de experiencias en la Villa Olímpica, espacios de aprendizaje, conversaciones sobre temas que quizá hace 12 años no eran tan comunes y encuentros con atletas modelo que compartirán sus propias historias, los jóvenes tendrán la oportunidad de llevarse herramientas que van mucho más allá del deporte.

Y eso es algo que me emociona especialmente. Porque muchas veces, cuando eres atleta, estás tan concentrado en competir, en cumplir tus objetivos y en dar lo mejor de ti, que no alcanzas a dimensionar todo lo que estás viviendo a tu alrededor.

Habrá medallas, lágrimas, abrazos, victorias y derrotas. Habrá sueños que se cumplan y otros que tengan que encontrar nuevos caminos. Pero también habrá conversaciones, amistades y pequeños momentos que, aunque hoy parezcan insignificantes, dentro de algunos años serán los recuerdos más valiosos.

Si pudiera hablar con aquella adolescente que fui en Nanjing, le diría que disfrutara un poquito más y se preocupara un poquito menos. Que levantara la mirada, que conociera, que preguntara y que se permitiera vivir cada momento. Porque al final, las competencias pasan, los resultados quedan escritos, pero lo que aprendemos y las personas en las que nos convertimos nos acompañan toda la vida.

Hoy me emociona pensar en todos esos jóvenes que están por preparar sus maletas, quizá con los mismos nervios, ilusiones y miedos que yo tenía hace 12 años. Jóvenes que están por descubrir el mundo, pero también una parte de sí mismos que todavía no conocen. Dakar 2026 está por recibir a las estrellas del futuro.

Y quizá lo más bonito de estos Juegos sea que, mientras buscan su primera medalla olímpica, están a punto de descubrir cuánto pueden brillar, dentro y fuera del deporte.



  • Alejandra Orozco
  • Exclavadista
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