Washington DC. No será la primera, ni la última, ocasión que esta columna se titule así. Y es que desde su primer mandato y en este segundo al frente de la Casa Blanca, Donald Trump se ha convertido en su peor enemigo. Provocando su derrota al intentar reelegirse en 2020 y convertir la elección intermedia de este martes en un referéndum que, según las estimaciones, terminará perdiendo.
Trump regresó a la presidencia imponiendo sus políticas para mostrar fuerza frente a los demócratas, en casa, y hacia afuera ante la mayoría de países. La imposición de aranceles y su incursión en la guerra contra Irán provocaron una escalada en los precios de los principales productos que los estadunidenses, incluidos sus votantes, consumen.
Lo que comen, visten y usan para trabajar les cuesta más al ser importados desde otros países. Además los precios del galón de gasolina se han elevado al doble de lo que les costaba antes de que Trump volviera a gobernar.
Eso se suma a que otras políticas que respaldaron han resultado un fracaso o contrarias a lo que esperaban. Veían como algo positivo el arresto de migrantes que habían cometido crímenes, pero no creían que eso iría contra inocentes, familias, abusos en centros de detención y hasta la muerte. Se trata de un ataque a personas con las que trabajan, emplean o incluso con quienes comparten alguna relación familiar.
Latinos, jóvenes y votantes independientes ven en estas elecciones la posibilidad de darle una lección a Trump. Mostrándole al partido republicano lo que no toleran y dándole a los demócratas la posibilidad de emprender cambios a favor de la gente y sus bolsillos.
De confirmarse un resultado adverso para Trump, su capacidad de aceptarlo y trabajar en reconquistar a esos electores perdidos será fundamental para que su proyecto siga siendo competitivo en 2028.
Del lado de los demócratas, este voto de confianza debe materializarse en acciones que beneficien a la mayoría de los estadunidenses y no sólo a su imagen, discurso y campaña con estrategias como la de un impeachment contra Trump, que seguramente emprenderán.
Lo que ambos partidos aprendan de estas elecciones les dará réditos a sus candidatos presidenciales en dos años. Si replican lo de Trump, podrían convertirse en sus propios enemigos, luchando contra sí mismos.