Novela para el lector: Año 2050
La vida en 2050 es muy distinta a lo que conocimos hace 25 años. Los robots han tomado el mando de las principales actividades productivas en el mundo.
Son capaces de operar maquinaria para producir vehículos, televisores, computadoras, hacer planes de negocio, invertir en las mejores acciones del momento; incluso las tareas domésticas las hace mi Robotina, en forma humana.
Les llamamos Droides.
No hay guerras porque todos sabemos que sería desastroso.
Los gobiernos han tenido que legislar el alcance de los robots, pues cada vez que intentan codificar en lenguajes desconocidos para los humanos hay que resetearlos y evitar que se comuniquen entre ellos, provocando decisiones autónomas no muy amigables para nosotros.
La legislación actual también permite el matrimonio entre robots y humanos, dado el crecimiento en la inclusión que nunca se pudo detener desde hace 30 años.
Los programas escolares son más bien programas de convivencia entre los niños. Ya no es necesario aprender matemáticas, pues los robots hacen cualquier cálculo.
Decimos que hace 50 años la gente usaba unas "calculadoras" que también hacían el trabajo.
Tampoco hace falta aprender otros idiomas: los traductores simultáneos permiten comunicarse con cualquier persona, en cualquier momento, en cualquier lengua.
Y manejar un coche, para qué, si los autos se conducen solos con el mínimo riesgo de accidente.
¿Trabajar? Mi contabilidad vive en el sistema que la IA me construyó y que opera día con día. Mi línea de producción está supervisada por robots que no se equivocan y, si lo hacen, se autocorrigen.
Los reportes aparecen en mis dispositivos en tiempo real. Ellos toman las decisiones de producción y comercialización basados en las tendencias del mercado.
¿Los gobernantes? Ahora que los robots también votan, tenemos gobiernos mucho más eficientes, porque su voto está basado en un análisis completo del perfil del candidato: trayectoria, conocimientos, experiencia, honestidad y proyectos.
Ya nada de votos por dinero, como sucedía hace muchos años.
Además, el gobierno me da lo suficiente para vivir excelentemente bien con mi salario universal.
Todos lo recibimos, y la productividad nunca estuvo tan alta en el mundo. Gozamos de la más alta calidad en todos los productos, y los humanos casi no hacemos nada.
Vivimos la vida y somos felices. Ahora que tengo 70 años, calculo que me faltan otros 70 por vivir con todos los adelantos que aún están por venir.
¡Me falta imaginación para lo que se viene, querido lector!
¡Buen día!