Si usted, querido lector, visita ciudades como Chihuahua capital, La Paz, Baja California, y algunas más en México, se dará cuenta de que ceder el paso al conducir es una conducta normal.
Más aún: cuando un transeúnte quiere cruzar la calle, los vehículos se detienen y se le cede el paso, siempre y cuando cruce por las líneas de cebra.
En otras ciudades existe el famoso “4 altos”, donde los vehículos que llegan de las cuatro calles hacen alto total. De tal manera que cruza primero quien llega primero; después el segundo, y así sucesivamente.
Eso reduce accidentes y, sobre todo, mantiene el flujo continuo en las vialidades.
Hoy, Torreón se encuentra colapsada en el tramo Independencia – Calzada Abastos por la megaobra en proceso.
Si usted necesita pasar por ahí, deberá considerar 25 minutos para cruzar ese solo tramo, ya que no hay vías alternas fluidas.
Y si uno observa, el problema se agrava: los carros se echan encima unos de otros intentando pasar primero.
No hay un orden, como en el “4 altos”, ni una lógica sencilla como desahogar una fila completa de autos y luego la siguiente. Aquí cada quien pasa como puede.
Nadie cede el paso y eso se vuelve una conducta errática de ciudadanos que ya quieren llegar. Todos andamos a las prisas.
Por eso propongo algo muy simple: ceda el paso a cuando menos tres coches durante todo el día. Nada más.
Si usted cede el paso, la obligación moral de ese conductor debería ser cederle el paso a alguien más, y ese efecto en cadena nos puede llevar a comportarnos como ciudadanos de primer mundo. No de tercero.
Enséñele esto a sus hijos y verá cómo Torreón podrá distinguirse por tener ciudadanos líderes cívicos de clase mundial.
P. D. Ahí viene el paso Revolución – Diana Laura y el paso El Campesino. Hagamos las cosas diferentes.
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