Empiezan las campañas políticas para la elección de diputados locales en nuestro estado.
Durante 30 días vamos a escuchar propuestas, ataques y compromisos de las distintas facciones que buscan una curul en el Congreso.
Mi recomendación: tome nota de todo, pero filtre con cuidado. Apunte lo que ofrecen los candidatos, lo que plantean y cuál es su plan de trabajo para el siguiente periodo legislativo.
Apunte también quién le toca en su distrito. A quién le va a tocar representarlo.
Y aquí quiero llegar: a las obligaciones del ciudadano.
Primero, planteo desde esta columna algo que llevo tiempo pensando: el voto debería pasar de ser un derecho a ser una obligación.
Tenemos democracia en México, sí, pero no puede quedar al gusto de quien la quiera ejercer. Todo ciudadano mayor de edad debería estar obligado a votar. Sí o sí.
Se podrían incluso aplicar multas a quien no lo haga, como ocurre en otros países. Se acabarían las elecciones “huérfanas” que tanto convienen a ciertas facciones.
Desaparecería del vocabulario eso de “salir a votar”, porque sería obligatorio. Y en lugar del 30% de participación que se espera en este tipo de comicios, llegaríamos al 90%.
Segundo, una vez que tenga anotadas las propuestas de los candidatos, haga las suyas.
No se vale, en pleno siglo XXI, ir a escuchar sin proponer. Usted, que lee estas líneas, tiene la preparación suficiente para exigirse algo más que aplaudir.
Tercero y último, cuando ya haya un ganador, exíjale que vaya a su colonia a rendir cuentas.
Ya no es posible que el ciudadano se quede callado y luego venga el lamentable “si no votó, no se queje”.
Siente a su diputado en la plaza de la cerrada donde vive y pregúntele de frente por los compromisos que hizo con usted y con sus vecinos.
Y hágalo una y otra vez, hasta que esos compromisos se cumplan.
La pregunta es sencilla: ¿qué tipo de ciudadano quiere ser usted?
Ahí está el verdadero voto.
¡Buen día!