Amado y aceptado

  • En Corto
  • Alejandro Maldonado

Estado de México /

No sé por lo que estás pasando. Desconozco las heridas profundas que quizá cargas desde la infancia; los fracasos y errores que te han marcado, o las secuelas que aún duelen y persisten. Ignoro si te acompañan la culpa, la vergüenza, el rechazo, la soledad o la desesperanza.

Pero hay algo que sí sé con certeza: Sin importar tu situación, Dios te ama y está dispuesto a aceptarte tal como eres. Solo tienes que decidir venir a Él y entregarle tu vida. No es una idea mía; es la verdad inamovible de Aquel que te creó y te conoce por nombre: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

Escucha con atención: Este amor no depende de tu desempeño, tu religiosidad, tus esfuerzos, tu moralidad ni tus buenas intenciones. Dios te ama siendo el pecador que eres. No mide su amor por la cantidad o gravedad de tus faltas. Es cierto que Dios aborrece el pecado, porque conoce el terrible daño que causa en nuestras vidas y las de quienes nos rodean; el pecado nos separa de Dios aquí y por la eternidad; pero Dios ama al pecador.

Dios se duele al verte, y no quiere dejarte en tu miserable condición. Por eso envió a Su único Hijo, Jesucristo en tu rescate: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10).

Jesús viene por ti. Él fue ungido para perdonarte, salvarte y darte una nueva vida. Todos hemos pecado. Todos merecemos castigo por nuestras ofensas contra Dios. Pero Jesús, en su inmenso amor, vivió la vida perfecta que nos resulta imposible para ofrecerse como nuestro sustituto. Él cargó con nuestros pecados, recibió el juicio que nos correspondía y, en la cruz, nos reconcilió con el Padre.

Cuando creemos en Él y lo aceptamos como Señor de nuestra vida, todo cambia:

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1). En la cruz, Jesús anuló el acta de cargos que había contra nosotros, clavándola allí y perdonando toda nuestra deuda, (Colosenses 2:13-14).

Acepta el completo perdón que Cristo te ofrece. Entrégate a Su señorío. Te sorprenderá lo que Él hará en ti y por ti para gloria suya: “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jeremías 33:3).


Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite