Amor invaluable

  • En Corto
  • Alejandro Maldonado

Estado de México /

Ella se enamoró a tal grado que le hizo una transferencia de 30 mil dólares. La mujer que vive en Japón conoció en línea a un hombre que decía ser extranjero y que trabajaba como astronauta. Una foto y un video que él había publicado en redes sociales fueron suficientes para que empezaran una relación virtual a través de la aplicación de mensajería LINE.

Después de algunas semanas él le preguntó si estaría dispuesta a casarse e iniciar una vida juntos. Ella lo anhelaba así que le envió el dinero para que pudiera regresar a la Tierra desde la Estación Espacial Internacional. Pero él no bajaba del espacio y volvió a pedirle más dinero. Surgieron entonces las sospechas y ella se dio cuenta que había sido estafada. La policía de Higashi-Omi investiga ya el ilícito.

Millones han caído en trampas similares. La más reciente de estas estafas se conoce como “Matanza de cerdos”, porque los criminales “engordan” emocionalmente a sus víctimas a través de redes sociales, mensajes de textos, WhatsApp, etcétera. Luego de ganarse su confianza les quitan todo el dinero que pueden. Lo interesante es que cerca del 80% o más de las víctimas tienen títulos universitarios y un gran porcentaje de ellos tienen un máster o doctorado de acuerdo con lo dicho a la BBC por Grace Yuen, de la Organización Internacional de Lucha contra este tipo de estafas.

Perder dinero guardado con mucho esfuerzo es triste y doloroso; pero nada peor que perderse eternamente. Por eso el aposto Pablo advierte: “Cuiden que nadie los engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y ustedes están completos en él...”, Colosenses 1.8-10.

Sin importar nuestra condición socioeconómica, fuera de Dios no vamos a encontrar lo que nuestra alma anhela. Cualquier cosa que no sea Cristo mismo es una estafa. Además, él no está a la venta. De hecho, fue Dios mismo quien en la Cruz del Calvario pagó por nosotros el precio de nuestra paz. Nuestros pecados, culpas y vergüenzas fueron tomadas por Jesús a fin de otorgarnos gratuitamente su perdón, aunque a él le costó todo.

Ven a él tal como estás. Cree. Pídele que te salve e invítale a morar en tu corazón.

Alejandro Maldonado


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