¿Buena persona?

  • En Corto
  • Alejandro Maldonado

Estado de México /

Se llamaba Adeodato. Era el mejor amigo de mi hermano. Su nombre significa “A Dios dado”. Pero él era dado a las fiestas, al alcohol, las mujeres, al grado que tuvo que pasar unos días en la cárcel.

Nicodemo significa “Triunfador entre el pueblo”, y este hombre realmente lo era. Puedes leer su historia en el capítulo tres del Evangelio según San Juan. La Biblia no dice nada malo de él. Era fariseo e integrante del Sanedrín —el consejo gobernante de los judíos— y conocedor como pocos del Antiguo Testamento; así que, por decirlo de algún modo, le hacía honor a su nombre. Pero algo le faltaba y una noche decidió ir a ver a Jesucristo.

“Sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer las señales que tú haces, si Dios no está con él”, le dijo.

“Para ver el reino de Dios tienes que nacer de nuevo, Nicodemo”.

“¿Cómo?”, respondió, “¡es imposible que vuelva a entrar al vientre de mi madre y nacer!”

Con amor Jesús le explicó que no estaba hablando de un nacimiento físico, sino espiritual. Y es que, aunque tú y yo, querido lector, volviéramos a nacer mil veces, seguiríamos cometiendo los mismos errores, ya que por naturaleza somos pecadores. Necesitamos un poder sobrenatural para que nuestro interior sea transformado y redimido.

La charla culminó con una declaración directa y reveladora: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Jn 3:16-17).

Nicodemo creyó y nació espiritualmente. Es decir, “nació de nuevo”. Fue el único miembro del Sanedrín que intercedió por Jesús, y también se hizo cargo de su cuerpo. El encuentro con Jesucristo le enseñó que no hay “buenas personas”; que al margen de cuestiones religiosas, todos pecamos y necesitamos un Salvador, que es Cristo el Señor.

Por cierto, luego de unos años Adeodato recibió a Cristo en su corazón, y Él transformó su vida. Un accidente automovilístico le arrebató de esta tierra, pero acabó sus días haciendo honor a su nombre.

¿Qué de ti y de tu eternidad? Recuerda: Si realmente quieres ir al Cielo, “ver el reino de Dios”, necesitas nacer de nuevo. Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo.


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