Culpable e inocente

  • En Corto
  • Alejandro Maldonado

Ciudad de México /

Las miradas de todos los presenten se clavaron en él. No era un día cualquiera. El mismo alcalde de New York, Fiorello La Guardia, reemplazaba a un juez en uno de los muchos barrios que solía visitar.

Una mujer andrajosa estaba frente a él, acusada de robar pan. Ella reconoció su culpa y contó que su yerno había abandonado el hogar, dejando a su hija enferma y a dos nietos pasando hambre.

A pesar de todo, el panadero no quiso retirar los cargos, y pidió a Fiorello que aplicara un castigo ejemplar. Fiorello, dirigiéndose a la señora, le dijo: “La ley debe ser cumplida y yo necesito castigarla. Tiene que pagar 10 dólares de multa o permanecer 10 días en la cárcel”.

En cuanto dictó la sentencia, Fiorello sacó de su bolsillo un billete de 10 dólares y le dijo a la mujer: “Usted ya no debe nada. Pero ahora es mi deber multar a los presentes con 50 centavos, por vivir en una ciudad donde una persona necesita robar para darle de comer a sus nietos”.

Dicho lo anterior ordenó a uno de los oficiales que recogiese la multa colectiva, que sumó 47.50 dólares, mismos que fueron entregados a aquella mujer. En ese momento la gente se puso de pie y empezó a aplaudir.

El aeropuerto de Nueva York lleva su nombre, y no en vano. Abogado; piloto en la Primera Guerra Mundial; fiscal general; cuatro veces reelecto congresista; tres veces consecutivas reelecto alcalde de “La Gran Manzana”, políglota que dominaba el francés, alemán, italiano, húngaro, croata y yidish; defensor del derecho al sufragio femenino; defensor de los derechos laborales; combatió a políticos corruptos y al crimen organizado. Fue uno de los alcaldes más queridos de los Estados Unidos.

Pero el actuar de Dios sobrepasa infinitamente toda justicia y misericordia humana: “Mas Dios muestra su amor por nosotros, en que siendo aun pecadores, Cristo murió por nosotros”, Romanos 5.8.

Dios nos ofrece gratuitamente su perdón, pero a él le costó todo: “Rescatados de la vana manera de vivir.., no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo”, 1ª. Pedro 1.18-19.

Si Dios nos diera lo que merecemos, tendríamos que ser castigados eternamente; pero nos ofrece lo que no merecemos: El Cielo y gozo eternos.

Cree en Jesús; pídele que te perdone; que venga a morar a tu corazón y verás.

Alejandro Maldonado


Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite