Es necesario

  • En Corto
  • Alejandro Maldonado

Estado de México /

La crucifixión de Jesucristo no ocurrió por un “descuido de Dios”; fue la culminación de su amor manifestado por ti y por mí. Su sacrificio estaba previsto en el plan perfecto de redención para la humanidad, “desde antes de la fundación del mundo”, como dijo el apóstol Pedro (1ª Pedro 1:20).

¿En qué sentido? Dios sabía que pecaríamos y que eso nos separaría de Él para siempre. Pudo permitirlo, pero nos ama tanto que decidió intervenir para salvarnos. El precio del pecado no se paga con cosas materiales ni con esfuerzos humanos. No es algo “cultural” o “intrascendente”; es una ofensa contra el Dios eterno, Creador de todo lo visible e invisible, y por eso tiene consecuencias aquí y por la eternidad.

Muchas veces lo ignoramos consciente y deliberadamente, pero la verdad es que no hay perdón ni salvación fuera de Jesucristo. Cuando Él resucitó, se presentó ante sus seguidores y les recordó lo que ya les había anunciado antes de su sacrificio: “Y les dijo: Así está escrito: que el Cristo padeciese y resucitase de los muertos al tercer día; y que en su nombre se predicase el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lucas 24:46-47).

La crucifixión de Jesucristo fue “necesaria”, no “optativa”. Jesús decidió pagar tu deuda y la mía a causa del pecado; por amor tomó nuestro lugar y se entregó a una muerte horrenda: “El cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre” (Gálatas 1:4). La palabra griega traducida como “siglo” (aiōn) no se refiere solo al mundo físico (kosmos), sino a la era actual, marcada por un sistema de creencias y valores opuestos a Dios y a su Palabra.

Si quieres reconciliarte con Dios, es necesario que creas en Cristo. Si deseas perdón y rescate ahora y para siempre, es necesario que te apropies de Él y de lo que hizo por ti en la cruz. Si buscas un nuevo comienzo, es necesario que le pidas que te lave y limpie por dentro con su sangre preciosa.

Jesús te ama; por eso le fue necesario recibir el juicio y castigo que tú merecías. La deuda ha sido saldada. “Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”, (Romanos 8:1a).

“Al que a mí viene, no le echo fuera”, (Juan 6:37b).

Recuerda: Es necesario.


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