La sustancia

  • En Corto
  • Alejandro Maldonado

Estado de México /

¿Has llegado al punto en que nada parece tener sentido? Los errores del pasado siguen vigentes en nuestro presente. Por fuera nos vemos “normales”, pero si los demás supieran lo que pasa en nuestro interior, huirían de nosotros.

¿Viste Spider-Man 3? Una sustancia negra se adhiere accidentalmente a Peter Parker. Al principio el traje negro le da poderes mejorados, pero también incrementa sustantivamente sus emociones negativas, volviéndolo arrogante, agresivo y vengativo.

Peter se da cuenta de lo que ocurre y lucha intensamente para desprenderse de la sustancia negra. ¿Te ha pasado? Intentas liberarte una y otra vez de lo que te tiene atrapado, pero tu condición solo empeora. En el proceso todo se daña: nuestra mente e incluso nuestro cuerpo.

Todo pecado es atractivo. Promete darnos lo que hemos buscado y “llenar esa necesidad”. Pero sus “superpoderes” siempre son destructivos. Llega el momento en que las ilusiones que ofrece se derrumban como castillo de naipes. Vienen las facturas imposibles de pagar. Lo que realmente valía la pena queda destruido o gravemente dañado: El matrimonio, la familia, nuestras relaciones. La culpa, vergüenza, desesperanza y ansiedad se convierten en compañeros indeseables y permanentes.

“Nunca voy a cambiar. No tengo remedio. Ni Dios me perdonaría”. Voces como esas han echado raíces en nuestra mente. Pon atención a lo que hace Dios: “Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio” (Marcos 1:40-41).

La lepra era incurable en tiempos de Jesús, como “incurable” parece ser lo que estás viviendo. Aquel hombre acudió con urgencia y humildad al único que podía sanarlo. ¿La respuesta de Jesús? Toca lo intocable, perdona lo “imperdonable” y salva lo insalvable.

Jesús llevó “la sustancia” (el pecado) en la cruz para destruirla. Le costó todo, pero estaba convencido de que valía la pena hacerlo por ti. Te ama; tiene de ti misericordia, y no quiere dejarte como estás. Ven a Él como lo hizo el leproso. Jesús quiere y puede perdonarte y rescatarte. Dile ahora mismo: “Jesús, estoy perdido y eres mi única esperanza ¡Perdóname! Te entrego mi vida. Ven a morar en mí corazón ¡Sálvame, Señor! Amén”.


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