¿Lo tienes?

  • En Corto
  • Alejandro Maldonado

Estado de México /

A todos nos ha pasado alguna vez. No tener para el camión o para la torta en la escuela; no tener libros ni mochila nueva; no tener para inscribirte en el curso que deseabas; no tener para el auto, la renta, la luz o, mucho menos, para vacacionar; no tener empleo. Pero el “no tener” no se limita a lo material. También pesa en lo emocional, lo relacional y lo físico. No tener ánimo, no tener esperanza, no tener deseos de vivir; no tener padre o madre por haber sido abandonados; no tener una pareja que sea realmente pareja; no tener a alguien de confianza con quien compartir angustias, fracasos o temores; no tener buena visión, audición o salud. Los ejemplos sobran. Y casi siempre, el “no tener” viene acompañado de pesadumbre, confusión, frustración e incluso enojo.

Es verdad que hay muchas cosas que quisiéramos tener, aunque no todas son indispensables. Algunas responden más a gustos que a necesidades. Pero en lo espiritual hay una sola que trasciende aquí y por la eternidad: ¿Tienes a Jesucristo? “Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Juan 5:11-12).

Es vital que respondas con sinceridad. La pregunta no es si tienes información sobre Jesús, si practicas cierta religión o si procuras vivir moralmente. La cuestión es simple: ¿Tienes a Jesucristo? Si no lo tienes, estás perdido aquí y por la eternidad. No tener a Jesucristo significa que, al exhalar tu último aliento, iniciarás tu eternidad en el lago de fuego: “Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (Apocalipsis 20:15).

Pero ese no es el deseo de Dios. Él nos ama de una manera que rebasa todo entendimiento: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Creer en Jesús y tenerlo en nosotros son dos caras de la misma moneda.

Cuando nos vemos como realmente somos, pedimos a Jesús que venga a nuestro interior y nos salve con base en su sacrificio en la cruz. Puedes creer ahora mismo en Él: “Al que a mí viene, no le echo fuera”. (Juan 6:37).

Él te ha estado esperando y hoy te llama a abrirle tu corazón. No lo pospongas.


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