Mucho se habla de las madres solteras en México, pero poco de los padres ausentes. De acuerdo con cifras del Inegi, 28% de los niños vive solo con su mamá. La ausencia de un padre involucrado puede dejar profundas heridas: Ansiedad, baja autoestima, dificultad para manejar las emociones y problemas de conducta. Pero hay una ausencia todavía más dolorosa: La del padre que está en casa, pero emocionalmente no está. Su presencia física puede hacer más evidente su distancia y alejamiento. El hijo se pregunta: ¿Por qué no le importo?
No sé cómo fue tu infancia. Tal vez tuviste un padre ausente, indiferente o incluso violento. Quizá todavía llevas en el corazón palabras, silencios o heridas que nunca pudiste comprender. Pero quiero decirte algo: Tu historia no tiene que terminar donde comenzó tu dolor. Hay un Padre que nunca abandona, nunca traiciona y nunca deja de amar. La Biblia dice: “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá” (Salmo 27:10).
¡Qué hermosa promesa! Dios te recoge. No ignora tus heridas ni te pide fingir que no existen. Te levanta, abraza y te ofrece una nueva historia. Su amor siempre ha existido, y ahora es el momento en que se convierta en algo real en tu vida: “Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia” (Jeremías 31:3).
En Jesucristo, Dios no solamente quiere consolarte; quiere hacerte nuevo: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2ª Corintios 5:17).
Quizá tú, querido lector, eres el padre que abandonó, traicionó o dañó. Si la culpa y la vergüenza te hacen pensar que ya no hay remedio, escucha esto: En Jesús hay perdón y esperanza: “Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, y abundante en misericordia para con todos los que te invocan” (Salmo 86:5). “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).
Jesús pagó el precio en la cruz para que todo aquel que cree en Él sea hecho hijo de Dios (Juan 1:12). Pídele ahora que te perdone, te salve y venga a morar en tu corazón.
Quizá te faltó papá terrenal, pero el celestial hoy llama a tu vida para rescatarte y transformarte ¡Te ama el Señor!