Querido Paco

  • En Corto
  • Alejandro Maldonado

Edomex /

El experimentado comunicador me solicitó alguna reflexión para un libro que prepara, y entre otras cosas dice: “Sin duda alguna, al morir dejamos atrás todo lo material…, y solamente nos llevamos “al otro lado” lo que queda en el espíritu… y me gustaría que me aportaran cualquier idea en la que sustenten su filosofía de vida…, el conocimiento que me compartan formará parte del bagaje intelectual que me sirva en lo poco o mucho que me reste de vida, para alejar las confusiones de mi mente, generalmente extraviada en futilidades y, desde luego, para llevármelo al “más allá”.

Agradezco la distinción y trataré de aportar mi reflexión. En el libro de Eclesiastés, el rey Salomón, -uno de los hombres más ricos y sabios que ha tenido el mundo-, nos abre su corazón y se muestra sin fachadas.

De haber tenido redes sociales sus publicaciones nos hubieran impactado, porque narra con crudeza que, logradas todas sus metas, encontró esto: “Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol”, Eclesiastés 2.11.

En su peregrinar en esta vida, Salomón cae en cuenta de una realidad realmente trascendente y estremecedora: Que Dios “ha puesto eternidad en el corazón de cada persona”, Eclesiastés 3.11. Salomón sabía que no todo era el “aquí y el ahora”, y que efectivamente hay un “más allá”.

El apóstol Pablo nos dice: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en Él habita corporalmente toda la plenitud de la deidad, y vosotros estáis completos en Él”, Colosenses 2.8

No puede haber plenitud en nosotros sin Cristo. “Él es la imagen del Dios invisible”, -Colosenses 1.15-, quien por amor a nosotros fue a la cruz cargando con nuestros pecados, y recibiendo sobre sí mismo nuestro respectivo juicio y castigo para reconciliarnos con Dios aquí y por la eternidad.

“Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones”, Efesios 3.17. Cada uno de nosotros ha hecho lo necesario para perderse y Dios ha hecho ya lo necesario para salvarnos. La cruz así lo demuestra.

Arrepentirse; creer en Él, y pedirle que venga a nuestro corazón.


Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite