Trágica celebración

  • En Corto
  • Alejandro Maldonado

Estado de México /

“Le Constellation”, un exclusivo bar-lounge en la estación de esquí de Crans-Montana, Suiza, celebraba la llegada del Año Nuevo abarrotado de jóvenes y turistas. Música, luces, comida, bebidas y alegría llenaban el lugar. Todo parecía perfecto hasta que, alrededor de la 1:30 a. m. del 1.º de enero, las bengalas encendidas en algunas botellas de champán alcanzaron el techo de madera. El fuego se propagó ferozmente.

Cuando los equipos de emergencia lograron controlar el incendio, unas 40 personas habían muerto y más de 100 se encontraban gravemente heridas. El local quedó reducido a cenizas. El recién nombrado presidente de Suiza, Guy Parmelin, calificó el hecho como una de las peores tragedias en la historia del país.

La vida puede cambiar en un instante. Sin importar posición, poder o riqueza, nadie está a salvo de un golpe inesperado. Así como una celebración puede tornarse en tragedia, el corazón puede detenerse cuando menos lo pensamos y dar paso a la eternidad. La Escritura es clara: “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto, el juicio” (Hebreos 9:27).

Dios no evaluará nuestras vidas comparando buenas obras con errores, ni basándose en nuestra religiosidad. La Escritura afirma que todos hemos pecado y estamos separados de Él. Pero nuestro misericordioso Creador envió a su amado y único Hijo en nuestro rescate. Jesús vivió la vida perfecta que nos resulta imposible, y se ofreció voluntariamente como nuestro sustituto, llevando sobre sí mismo nuestro respectivo juicio y castigo para reconciliarnos con Dios: “Anulando el acta de los decretos (pecados) que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz”, (Colosenses 2:14).

¡Deuda totalmente pagada por Jesucristo! Nada se puede añadir a su sacrificio en favor nuestro. El juicio se determinará con base a lo que cada uno hagamos con Jesús, creer o no en Él; aceptarle o rechazarle: “El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida”, (1ª. Juan 5:12).

No esperes más. Este es el momento de volverte a Dios, (arrepentirte); de reconocer tu condición y pedirle al Cristo resucitado que venga a morar en ti y te rescate. Te ama y te ha prolongado su misericordia. Jesús te conoce y te llama.


Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.