Es lo que más desea Dios, porque la verdad libera en todos los sentidos, aunque no siempre sea fácil de aceptar. James Russell Lowell escribió: “La verdad por siempre en el patíbulo; el mal por siempre en el trono”. Esta realidad se observa constantemente en la actividad humana. La injusticia, la inmoralidad y los abusos de todo tipo parecen ganar terreno cada día en el mundo entero.
Detrás de ello hay una clara explicación bíblica: “El mundo entero está bajo el maligno” (1 Juan 5:19). Esta verdad puede incomodarnos e incluso intentamos rechazarla con argumentos racionales, pero eso no la cambia. Dios no miente: “Dios no es hombre, para que mienta… ¿Él dijo, y no hará? ¿Habló, y no lo ejecutará?” (Números 23:19).
Existe una batalla real por el alma de cada ser humano: Una guerra entre Satanás y sus huestes espirituales de maldad contra el Creador de todo lo visible e invisible. Jesucristo, Dios encarnado, lo expresó así: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:10-11).
Culturalmente, imaginamos al diablo como un ser caricaturesco, rojo, con cuernos y tridente, casi cómico. Hollywood lo presenta como una figura aterradora pero limitada. La verdad bíblica es otra: “Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia” (2 Corintios 11:14-15).
La gran noticia -el Evangelio- es que Satanás ya fue derrotado por Jesús para que podamos recibir perdón, salvación y libertad: “Y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Colosenses 2:15).
Jesús entregó su vida por amor a ti. Te conoce por nombre, conoce tus secretos más oscuros y, aun así, te ama; por eso no quiere dejarte en tu condición actual. La mentira te dice que no hay remedio; la verdad clama: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).
Pídele a Jesús que te perdone, salve, y haga de ti una nueva criatura como lo ha prometido (2ª. Corintios 5:17).