La frase que ha resonado en este Mundial es poderosa por su trasfondo: Plantea como posible aquello que México jamás ha logrado. Hoy la afición se atreve a soñar con levantar la copa, y no lo hace en vano; las victorias contundentes, sin recibir gol, y el carácter mostrado en la cancha por los jugadores sostienen esa esperanza. En redes abundan videos motivacionales creados con Inteligencia Artificial que imaginan a la Selección Mexicana triunfando hasta el final, sin importar al rival que enfrente.
No sé en qué etapa de la vida te encuentres. Quizá tu historia, desde que tienes memoria, está marcada por abusos, maltrato, indiferencia, humillación, ausencia de amor, menosprecio o abandono. Tal vez cargas fracasos, culpas, heridas, depresiones, traumas, enojos, amarguras, decepciones, pérdidas dolorosas o adicciones. A la luz de tu pasado, lo que vives parece imposible de superar; lo has intentado una y otra vez, y aunque a veces aparecen ciertas mejorías, de pronto surge algo que te derrumba y te deja otra vez en el suelo, sin esperanza y abatido.
¿Y si sí? La fe no niega la realidad; la enfrenta apoyándose en Aquel que venció la tentación, el pecado, a Satanás y a la muerte. La fe se sostiene en Jesucristo y en su carácter. Todo lo que Él hizo en esta tierra fue movido por amor. Sus innumerables milagros revelaban a un Dios hecho hombre que se acercaba con ternura a lo más roto y olvidado de la sociedad. Un Dios que iba en búsqueda constante de lo desechado por la humanidad. Lo que hizo por la mujer adúltera, prostitutas y cobradores de impuestos, son pinceladas de su amor por los perdidos.
Escucha esta verdad divina: “Porque nada hay imposible para Dios” (Lucas 1:37). Nada es nada. Jesús quiere y puede perdonarte, salvarte y darte una vida nueva: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). Él puede restaurarte, liberarte, levantarte y transformarte. Ya hizo todo en la cruz a tu favor; a ti solo te toca creer.
¿Y si sí te animas? ¿Y si sí te rindes a su señorío? ¿Y si sí le permites entrar en tu corazón y sanar tu interior quebrantado y seco? ¿Y si sí clamas sabiendo que te ama y te escucha? El balón está en tu cancha. La victoria ya fue consumada por Jesucristo para ti en la cruz