Jalisco es un estado católico. Pero la iglesia que más crece aquí no es la romana. Es La Luz del Mundo. Y ahora esa iglesia quiere su propio partido.
Se llama Partido Humanista. Está a un paso de recibir su constancia de registro ante el IEPC. Recibirá más de 5 millones de pesos mensuales de dinero público desde 2026. Y participará en las elecciones de 2027.
No será el primer intento de un grupo confesional por conquistar el poder por la vía legal, pero sí el más explícito en décadas. Hay una pregunta sencilla que flota en el aire: ¿logrará el 3 por ciento de los votos para mantener el registro?
En las elecciones de 2024, ese 3 por ciento significó unos 110 mil sufragios en Jalisco. La iglesia dice tener 1.5 millones de miembros en México y sus representantes aseguran que más de 350 mil están en el estado. En teoría, les sobra. Pero en la práctica, la política no funciona como la fe, ni como para creer que cada feligrés es un voto garantizado.
Para que quede claro: la Universidad de Guadalajara tiene más de 340 mil estudiantes y trabajadores. Armó un partido, el Hagamos, pero ni con toda su maquinaria pudo sobrevivir a una elección. Si una universidad entera no puede, ¿por qué podría una iglesia?
Porque el voto religioso no es automático. Muchos fieles de La Luz del Mundo ya votan por otros partidos. De hecho, varios de sus líderes militan en Morena y en el Partido Verde. El senador Rogelio Zamora, el que tramitó el Palacio de Bellas Artes para rendir culto a su líder Naasón Joaquín (hoy preso), es verde. El diputado Emmanuel Reyes Carmona también. ¿Todos sus seguidores van a migrar al Humanista solo por obediencia? ¿Todos sus feligreses van a votar por el Partido Humanista?
Y ojo: la ley lo prohíbe. México es laico. Los ministros de culto no pueden candidatearse. Los partidos no pueden hacer proselitismo religioso. Pero la historia de Jalisco está llena de atajos.
Jalisco es cuna de partidos con olor a incienso. El PAN nació de intelectuales católicos. Gobernó Jalisco durante años. Antes existió el Partido Demócrata Mexicano, el “Gallito Colorado”, ultraderecha católica y sinarquista. Emilio González Márquez, exgobernador, empezó ahí. También el Partido Encuentro Social, el de la familia evangélica, que se coaligó con Morena en 2018 y luego desapareció por falta de votos.
El Humanista no es el primero. Pero sí el más explícito. Ahora viene lo difícil: mapear votos. ¿Dónde están los simpatizantes de La Luz del Mundo? ¿Por quién votaron antes? ¿Ahora lo harán todos por el Humanista? ¿O se dividirán?
Y luego, la agenda. ¿Qué quiere este partido en el Congreso? Si sigue la línea de la iglesia: familia tradicional, no al aborto, no al matrimonio igualitario. Pero cuidado: no lo pueden decir abiertamente. Sería ilegal. Así que lo disfrazarán de “humanismo”.