Maternar en un mundo que no se detiene

Hidalgo /

Hay mapas que no aparecen en los libros, pero que millones de mujeres recorren todos los días e incluyen: rutas invisibles hechas de horarios imposibles, desvelos, juntas de trabajo, mochilas escolares, consultas médicas, comidas a destiempo, estereotipos y discriminación. La maternidad, especialmente en el ámbito laboral y de cuidados, sigue siendo uno de los territorios donde la desigualdad se expresa con mayor crudeza.

Ser madre y ejercer una responsabilidad pública o un alto cargo en la IP, implica vivir en una tensión constante entre el deber profesional y el cuidado de quienes dependen emocional y físicamente de una. Y aunque cada vez más mujeres ocupamos espacios de liderazgo, el sistema sigue funcionando como si las tareas de cuidado fueran un asunto privado y exclusivamente de mujeres: son ellas quienes sostienen buena parte de la economía desde un trabajo que muchas veces no se reconoce, no se remunera y ni siquiera se nombra.

De acuerdo con ONU Mujeres, nosotras realizamos 2.5 veces más trabajo de cuidados no remunerado que los hombres, y alrededor del 45% de las mujeres en edad de trabajar permanecen fuera del mercado laboral debido a estas responsabilidades. En México, el panorama también refleja profundas brechas: el Instituto Mexicano para la Competitividad señala que casi el 60% de las madres enfrenta condiciones de empleo precario, mientras que las mujeres destinan en promedio 35 horas semanales al trabajo no remunerado, frente a 15 horas de los hombres.Estas cifras también hablan de derechos como al descanso, a la salud mental, a la igualdad de oportunidades, al desarrollo profesional y a una vida libre de discriminación.

Sin perder el rumbo, desde la mirada de una ombudsperson —y también desde la experiencia de ser madre— resulta imposible ignorar la dimensión humana que existe detrás de cada estadística. Hay mujeres que asisten a reuniones después de noches enteras sin dormir; madres que responden llamadas de trabajo mientras cargan a sus hijas e hijos; mujeres que deben demostrar el doble para ser consideradas igual de capaces (y en muchos casos ganando menos por trabajo igual). La maternidad sigue siendo, en muchos espacios laborales, vista como una limitante y no como una experiencia profundamente humana que también desarrolla liderazgo, empatía, capacidad de resolución y fortaleza emocional.

En alguna ocasión me pronuncié públicamente en el siguiente sentido “Que se escuche fuerte: maternar no suspende derechos, ni anula representaciones legítimas. Si se tolera, se envía un mensaje peligroso: que para participar en la vida pública las mujeres deben elegir entre representar o Maternar”.Y es que, el problema no es la maternidad, sino un sistema que todavía descansa desproporcionadamente sobre el tiempo, el cuerpo y la energía de las mujeres.


  • Ana Parra
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