A defender la soberanía

Puebla /

El significado del 5 de Mayo en Puebla no es sólo desfile, visitas presidenciales, guirnaldas en monumentos y actos conmemorativos; es un recordatorio del México que, aunque herido y profundamente dividido, fue capaz de decir no al imperio más poderoso de su época.

Hoy, la historia nos susurra una advertencia incómoda: en 1862, mientras Ignacio Zaragoza organizaba la defensa en Los Fuertes de Loreto y Guadalupe, una facción de mexicanos —los conservadores de entonces— operaba desde las sombras para invitar al invasor, convencidos de que la solución debía venir del extranjero.

Según lo veo, hoy habitamos un escenario con ecos peligrosos. La polarización política entre nuevos liberales y conservadores vuelve a agrietar nuestro suelo.

El problema no es la discrepancia, sino que esa fractura interna sea la puerta de entrada a un intervencionismo disfrazado de retórica electoral desde Estados Unidos.

Con Donald Trump de vuelta en el panorama, la soberanía mexicana está bajo asedio, ya no por bayonetas, sino por políticas intervencionistas que pretenden dictar nuestra agenda.

El caso de Sinaloa y la licencia de Rubén Rocha Moya es la muestra más reciente de esta tensión. Que un gobierno extranjero señale a un mandatario estatal por presuntos vínculos con el crimen organizado nos coloca en una encrucijada ética y política. ¿Hasta dónde termina la colaboración necesaria en seguridad y dónde empieza la subordinación? Por muy legítima que sea la sospecha, aceptar que “quiten y pongan” gobernantes mediante filtraciones o señalamientos, es ceder un terreno que nuestros antepasados pagaron con sangre.

La justicia en México es de los mexicanos, o no será. Si permitimos que decidan quién es culpable antes de que nuestras instituciones actúen, estamos admitiendo un fracaso como Estado. No se trata de defender políticos, sino el derecho a resolver nuestras crisis.

Defender la soberanía en 2026 no solo es marchar este 5 de mayo; es entender que, si no podemos sanar nuestras fracturas y aplicar la ley con rigor propio, le damos las llaves del país a quienes, desde Washington, ven fortalezas políticas en nuestras debilidades.

Que la historia no diga que, por pelearnos entre nosotros, descuidamos nuestra casa.


  • Andrés Lobato
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