Daño a barranca en Cuautlancingo, ecocidio impune

Puebla /
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El daño ambiental en la zona metropolitana de Puebla no es un accidente; es un hábito tolerado con absoluta impunidad.

La denuncia ciudadana exhibida en redes y rescatada por mi compañero Carlos Morales, quien la publica hoy en las páginas de MILENIO y nuestro ecosistema digital, expone una abierta podredumbre institucional: personal del Sosapac, órgano operador del agua en Cuautlancingo, y presuntos trabajadores del propio ayuntamiento usan la barranca de Sanctórum como tiradero clandestino de cascajo.

La pregunta para el alcalde Omar Muñoz Alfaro es ineludible: ¿a dónde tiene puestos los ojos? Pasar por alto un ecocidio que lleva años gestándose no sólo destruye el entorno, sino que pone en riesgo a zonas habitacionales en cada temporada de lluvias.

Al parecer, no se mide la fuerza del clima y se olvida que el agua no perdona la indolencia; muestra de ello son los severos estragos que hoy mantienen aislados a municipios como Hermenegildo Galeana y San Felipe Tepatlán.

Preocupa que deba ser el gobernador Alejandro Armenta quien entre al rescate en la zona metropolitana encabezando un plan de desazolve, asumiendo tareas preventivas que los ayuntamientos ignoraron durante más de sesenta años.

La negligencia de la autoridad municipal no es un asunto nuevo: en marzo de 2023, el propio Carlos y este reportero denunciamos un dantesco cementerio de refrigeradores y tiradero de basura en la junta auxiliar de La Resurrección. Pasan los trienios, pero las barrancas de la zona metropolitana y gran parte del estado se mantienen como los drenajes a cielo abierto de la burocracia.

Como dice el refrán: el que avisa no es traidor: pronto saldremos a recorrer y auditar físicamente las barrancas y los afluentes del río Atoyac para exhibir a los omisos.

Resulta del todo contradictorio e inaceptable que mientras la presidenta Claudia Sheinbaum prioriza el saneamiento de esta cuenca a nivel federal, alcaldes emanados de su propia fuerza política sigan sin vigilar sus cauces ni sancionar a quienes los contaminan. Nadie podrá decirse sorprendido cuando volvamos a evidenciarlos.


  • Andrés Lobato
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