Mientras en la Cámara de Representantes de Estados Unidos se celebra la aprobación de un presupuesto histórico de 27 millones de dólares para combatir el lupus en este 2026, en Puebla y México la realidad nos devuelve un eco de indiferencia estructural: hay una brecha enorme, no solo presupuestal, sino de voluntad política y sensibilidad humana.
Puebla, hay que decirlo con orgullo pero también con exigencia, puso el ejemplo nacional. El pasado 15 de septiembre de 2025, el Congreso local aprobó la Iniciativa de Ley Lupus, una pieza legislativa de vanguardia impulsada por las diputadas Luana Amador Vallejo (PAN) y Fedhra Soriano (MC). No fue ocurrencia sino resultado del activismo incansable de Laura Athié y Efrén Calleja, del Cetlu A.C., quienes han logrado llevar esta voz a 10 estados más.
Sin embargo, la vanguardia legislativa se ha topado con el muro de la burocracia. A meses de su aprobación, la ley sigue en el limbo: la administración del gobernador Alejandro Armenta aún no la publica en el Periódico Oficial del Estado. Sin ese paso, el derecho de cientos de pacientes a un diagnóstico digno y a medicamentos accesibles es letra muerta.
A nivel federal, la historia no es distinta. La senadora Amalia García abrió la puerta al debate, y el senador Pepe Cruz se comprometió a analizar la creación de un instituto nacional para enfermedades autoinmunes, al nivel del de Cancerología, Cardiología o Nutrición. ¿El resultado hasta hoy? Silencio.
Un diagnóstico de lupus en México tarda hasta seis años. Para cuando llega el nombre de la enfermedad, el daño orgánico suele ser irreversible. Según lo veo, la salud no puede esperar a que la política encuentre “el momento oportuno”.
El llamado a las autoridades es claro: el presupuesto y la ley son la única vacuna contra la discriminación y la muerte prematura. Hay que actuar, ya; hay que publicar esa ley, ya.
21 años
Se dice fácil, pero son 21 años de MILENIO Puebla. Aún vibra la adrenalina de aquel equipo que dio vida a la primera edición. Ver nuestro esfuerzo en manos de los lectores ha sido el motor de estas dos décadas. Como cronistas de la transformación del estado, mantenemos el compromiso de informar con veracidad y rigor. A quienes sembraron la semilla, mi gratitud eterna; al equipo actual, la promesa de seguir creciendo siempre unidos. Gracias, Puebla, por permitirnos ser parte de la historia.