Caminar por las calles de la capital de Oaxaca este último fin de semana, le permitió a quien esto escribe confirmar una realidad de claroscuros que hoy sacude a las ciudades coloniales de México.
Por un lado, es innegable el éxito: una presencia masiva de turismo que inyecta vitalidad económica. Sin embargo, detrás del brillo de las fachadas coloridas, emerge un fenómeno preocupante: una homologación estética y cultural que amenaza con devorar la identidad y el bolsillo local.
Oaxaca nos muestra “lo que sí”: una capacidad envidiable de atracción. Pero también “lo que no”: una ciudad donde los criterios arquitectónicos y comerciales se vuelven genéricos para satisfacer un estándar internacional, encareciendo la vida del residente y desplazando el consumo tradicional por uno diseñado para el visitante de paso.
Según lo veo, este espejo debe inquietarnos.
Puebla capital vive hoy su propio momento de gloria estadística. De acuerdo con Jaime Oropeza, secretario de Economía y Turismo municipal, el 2025 cerró con cifras históricas: más de tres millones de visitantes y una derrama económica de 14 mil millones de pesos. Tan solo en diciembre, el Zócalo y nuestros barrios recibieron a 300 mil turistas. Somos, por derecho propio, un destino predilecto, con 85 por ciento de turismo nacional y un creciente mercado internacional que busca nuestra esencia.
No obstante, los datos de Datatur nos lanzan una advertencia silenciosa: la estancia promedio en la ciudad se mantiene en 1.8 días. Es decir, somos un destino de paso.
El riesgo radica en que, en el afán de retener al turista y elevar esa cifra, las autoridades y el sector empresarial caigan en la tentación de gentrificar más nuestro Centro; es decir, sacrificar la autenticidad poblana en favor de una estética globalizada y precios que expulsan al local.
El llamado a la reflexión para empresarios y autoridades del sector turístico es claro: el éxito no debe medirse solo en millones de pesos, sino en la preservación de lo netamente poblano.
Cuidado con convertirnos en un escenario temático. La riqueza de Puebla no está en parecerse a destinos exitosos, sino en seguir siendo nosotros. La derrama es bienvenida, pero no a cambio de perder el alma.