Imagínese vivir en el ejido El Perú o en La Partida, dos ranchitos al norte de Torreón, la pobreza y las parcelas rodean a las comunidades, en el pasado, los niños -vecinos de estas comunidades- si bien les iba, tenían que caminar kilómetros para llegar hasta la escuela de gobierno, pero aquí le presento una historia inspiradora y llena de esperanza.
Bajo la premisa perentoria de que el lugar donde se nace no debe determinar el destino del espíritu, abrió sus puertas el Instituto Eduardo Tricio Gómez.
No estamos ante un frío ejercicio de filantropía corporativa, sino ante un ecosistema de dignidad integrado a la Red de Escuelas SER, Superación, Excelencia y Resultados.
Ahí, las jornadas inician a las siete de la mañana y concluyen a las cuatro de la tarde; un refugio donde el intelecto es nutrido a la par del cuerpo, proveyendo desayuno y comida que transforman sustancialmente el tejido y la economía de las familias laguneras.
El impacto es de una sofisticación conmovedora.
Este plantel no solo abate la deserción mediante un modelo de vanguardia enfocado en habilidades STEM —ciencia, matemáticas y la rigurosa formación del carácter—, sino que ha pulverizado el mito de que la excelencia es un privilegio de pocos: hoy, nueve de cada diez de sus alumnos concluyen una formación profesional.
Este prodigio educativo no ha pasado desapercibido en el concierto internacional; la prestigiosa organización "T4 Education" ha postulado a la institución al galardón World’s Best School Prizes, ubicándola entre los diez mejores centros educativos del planeta en la categoría de Colaboración Comunitaria.
Es verdaderamente meritorio atestiguar cómo una cadena de empresas y el liderazgo de figuras como Eduardo Tricio Haro comprenden que el verdadero progreso no se mide en balances financieros, sino en el volumen de sueños que rescatamos del olvido.
El milagro lagunero ya está en marcha y exige nuestra corresponsabilidad.
Del 25 de junio al 29 de octubre, la plataforma vote.worldsbestschool.org estará abierta para que, con nuestro voto, este orgullo de nuestra tierra conquiste el primer lugar mundial.
Apoyar esta causa es recordarle al mundo una verdad irrefutable: la escasez puede sitiar el entorno, pero cuando la voluntad empresarial y el talento de nuestra niñez se funden en el aula, la pobreza deja de ser un destino para convertirse en el punto de partida hacia la trascendencia.