Puntos cardinales y padres desorientados

  • Vertebral
  • Ángel Carrillo Romero

Laguna /
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Recuerdo con absoluta claridad cuando "Goni" (mi hija) cursaba el segundo o tercer año de primaria. 

Llegó entusiasmada a pedirme ayuda para una tarea: la maestra les había encargado un croquis. 

Un dibujo rápido, sencillo, hecho a mano alzada y sin reglas ni medidas exactas, únicamente para explicar cómo llegar de un punto a otro. En la materia de geografía les estaban enseñando los puntos cardinales y la orientación espacial. 

Era una lección pedagógica elemental, formativa e inofensiva.

Por eso resulta tan doloroso, como indignante ver lo ocurrido en el municipio de Martínez de la Torre, Veracruz. 

En la primaria Luis Donaldo Colosio, un maestro fue increpado, acorralado y llevado ante la Fiscalía por una turba de padres de familia. ¿El "delito"? Encargarle a sus alumnos exactamente eso: un croquis con el recorrido de su casa a la escuela.

Dominados por la paranoia, el afán de espectáculo y el consumo desmedido de falsos discursos en redes sociales, los padres de familia acusaron al docente de "intimidación" y de buscar información sensible de los menores. 

Nadie se tomó la molestia de abrir el libro de texto oficial, ni de revisar el programa de estudios del Ministerio de Educación. Lo único que hizo el profesor fue cumplir con su trabajo académico.

¿En qué momento desvalorizamos y desvirtuamos a tal grado la labor docente en el salón de clases? 

¿En qué punto la ignorancia de los adultos se volvió un tribunal sumario que fustiga la reputación de un educador por pedir una tarea básica?

Algo como padres de familia estamos haciendo y entendiendo peligrosamente mal.

Si la paranoia colectiva y la falta de criterio van a dictar lo que se enseña en el aula, mañana cualquier lección de historia, anatomía o civismo será vista como una intimidación. 

Hoy el maestro no perdió la brújula; la perdieron quienes prefieren armar un circo mediático antes que educar a sus hijos con sentido común. 

Este es un ejemplo claro de que cuando la ignorancia acusa y la autoridad escolar agacha la cabeza, el único camino que estamos dibujando es el del analfabetismo funcional.

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