¿Y Gabriel?

  • Vertebral
  • Ángel Carrillo Romero

Laguna /
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El pasado martes dos de junio de este 2026, la rutina en Torreón se fracturó para una familia lagunera. José Gabriel Ruiz Díaz, un joven de 21 años, llegó a su trabajo como despachador en la gasolinera de Prolongación Mónaco y Bulevar Constitución. 

Tenía apenas unos minutos de haber ingresado cuando la historia dio un giro turbio y doloroso.

La cronología del caso levanta serias sospechas:

Poco después de su entrada: Gabriel ingresó a la oficina del establecimiento. 

Su estado físico es visiblemente errático; se especula sobre la ingesta de alguna sustancia o un colapso de salud. 

Abrazó a una de las encargadas del lugar y terminó por desvanecerse en el piso ante la mirada inerte de la mujer.

Minutos más tarde: La madre de Gabriel, presintiendo que algo no andaba bien, logró comunicarse por teléfono. 

En esa llamada habló con la encargada de la estación, quien se comprometió a regresarlo a su domicilio o dar aviso inmediato. Una promesa que jamás cumplió.

Horas después: A pesar de haber quedado tendido en el suelo e incapacitado, a Gabriel se le permitió salir caminando del establecimiento, sin rumbo fijo. 

Desde ese instante, se perdió todo rastro de su paradero.

Hoy, a meses de su desaparición, la angustia de sus padres se topa con un muro de silencio. 

Y es aquí donde la crítica social y la exigencia de justicia se vuelven ineludibles.

La actuación de la encargada —el primer y último contacto de Gabriel antes de desvanecerse— deja preguntas demoledoras que las autoridades deben responder:

¿Por qué si vio a un trabajador desplomarse a sus pies en plena jornada laboral, no llamó de inmediato a la Cruz Roja o a los servicios de emergencia? ¿Por qué no alertó a los demás compañeros de la estación? 

¿Por qué no impidió que un joven evidentemente desorientado e incapacitado saliera solo a la calle? Y la más preocupante: ¿por qué hoy se rehúsa a dar la cara y hablar con los padres de Gabriel?

La indiferencia y la omisión también son formas de violencia. 

Mientras la Fiscalía investiga, la sociedad lagunera no puede permitir que la negligencia de unos cuantos y el silencio de los testigos consuman la vida de un joven trabajador. 

A Gabriel lo estamos buscando, y a los omisos, los estamos increpando.

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