El Día Mundial del Agua de este año nos recuerda que el agua potable y el saneamiento desempeñan un papel fundamental en la defensa de los derechos y la salud de las mujeres y las niñas.
Cuando se carece de acceso a ellos, las personas que más sufren las consecuencias son las mujeres y las niñas, que se ven obligadas a utilizar inodoros insalubres, a cuidar de familiares que caen enfermos por consumir agua contaminada y a pasar varias horas al día acarreando agua desde fuentes comunitarias abarrotadas, una tarea que impide que muchas niñas asistan a la escuela.
Pero el lema de este año indica cuál es la solución: “Allí donde fluye el agua florece la igualdad”.
Es hora de que los gobiernos realicen mayores inversiones en los sistemas nacionales de abastecimiento de agua y saneamiento y los refuercen, logrando una mayor capacidad de suministro, formando a la mano de obra necesaria e impulsando una financiación fiable. Los países desarrollados deben compartir las tecnologías, los conocimientos especializados y la financiación indispensables para construir infraestructuras de abastecimiento de agua y saneamiento que sean seguras, sostenibles y resilientes. Y las mujeres han de participar en la toma de decisiones para conseguir que estos sistemas satisfagan sus necesidades.
El agua se convierte con demasiada frecuencia en una fuente de conflicto, pero también puede ser una fuerza que una a las personas y contribuya a la paz. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua que se celebrará este año será un punto de encuentro para acelerar el progreso hacia el acceso universal al agua y el saneamiento.
Hagamos entre todos que el agua sea una fuerza en favor de la igualdad de género y que sus beneficios lleguen a todas las comunidades del mundo.