Quienes ejercemos el periodismo cultural, más atinadamente la escritura de textos sobre música, hemos coincidido en un capítulo de nuestro trabajo: la música también se piensa. Se la descubre por la lectura y la reflexión. En este sentido son numerosas las cuartillas que pasan por la página electrónica con la intención de dar testimonio a los diversos acontecimientos que suceden en el quehacer musical por vía de la crónica, la reseña, el reportaje, una entrevista o también abordando temas de mayor extensión y análisis a través del ensayo, el texto crítico o de investigación, entre otras modalidades que cumplen en esto de la musicografía. Sobre esta consideración aparecen ante nosotros dos disciplinas que bien se definen por su intención de forma y contenido, lo mismo por el discurso a trazar. Estas son: la crítica y la musicología. La primera nos remite al hecho acontecido en forma inmediata; la segunda se detiene en la indagación temporal. La crítica se enfrenta sola con su capacidad de juicio, mientras que la musicología recurre al origen, detecta los nexos. La crítica, en su condición cotidiana, encasta la historia; la musicología, al interpretarla, le otorga significados. Y con todo, la crítica se convierte a la vez en fuente musicológica. Es entonces que aspira a permanecer para después trascender. Su escritura nos deja los elementos documentales para la investigación. Si bien la musicografía en México cuenta con destacados teóricos que la han ejercido a lo largo de tres siglos, son por otro lado los escritores, los pensadores y alguno que otro estudioso de los fenómenos culturales, quienes han dedicado un número considerable de páginas dedicadas a la música. Así tenemos el primer libro editado en México sobre el tema fechado en 1823 titulado “Elementos de la Música”, de Mariano Elízaga (1786-1842), hasta llegar al volumen más reciente intitulado “Pentagrama de Letras” de Juan Arturo Brennan (1955). En ellos se manifiesta el interés por una reflexión hacia la música sobre la práctica de la crítica y el periodismo cultural. Y si bien es cierto que la música se la aprecia y define en términos que le son propios, particularmente sonoros, la reflexión que de ésta surja será traducida en ideas que sólo por la palabra escrita llegará a persistir en la memoria de nuestra historia social y cultural. En su lectura inmediata (la crítica) o posterior (la musicología) encontramos los elementos que la hicieron en su momento tendencia de un pensamiento y de un sentimiento propios de su época.
Reflexionar la música
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Antonio Navarro
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