No es momento de escoger pareja

Jalisco /
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En 2024 fui parte de una alianza electoral entre el PRI y el PAN. Como presidente del PRI, junto al dirigente panista Juan Pablo Colín, participé en su construcción, la defendí y trabajé por ella. Conozco sus virtudes, pero también sus costos y limitaciones. Por eso estoy convencido: una coalición puede ser útil, pero nunca debe convertirse en costumbre.

En Jalisco, los números de 2024 dejaron lecciones. De los 25 municipios encabezados por el PRI que ganó la coalición, sólo en 15 el priismo tenía votos suficientes para ganar; en los demás, el PAN fue determinante. En contraste, de los 16 encabezados por Acción Nacional, sólo en 2 los votos priistas fueron indispensables.

En los distritos federales ocurrió algo interesante: la coalición ganó 4, 3 de ellos exclusivamente con el voto del PAN. Y del total de los 20 distritos, sólo en 3 el PRI superó en votos a Acción Nacional.

Rumbo a 2027, el PAN enfrenta una decisión compleja. Es la principal fuerza opositora del país y ocupa una posición central en cualquier discusión sobre alianzas. Dicho coloquialmente: es la novia más pretendida de la oposición.

El dilema para Jorge Romero no debería reducirse a “alianza sí o no”, sino cuándo, dónde y con quién. México no es electoralmente homogéneo: habrá estados donde asociarse tenga lógica y otros donde convenga competir solos.

El PAN necesita aprovechar 2027 para responder una pregunta fundamental rumbo a 2030: ¿cuánto pesan realmente sus potenciales aliados y con quién conviene competir juntos? Después de todo, las alianzas no son para sumar migajas, sino electorados distintos.

En México no existen las segundas vueltas, esas que en otras democracias permiten primero que cada partido compita de forma independiente y aglutine a sus electores, para luego construir sobre las coincidencias un frente común que le simplifique la decisión al votante.

En nuestro país tendremos que usar 2027 como nuestra primera vuelta, para saber qué representa cada fuerza política y cuánto puede aportar. A partir de esa realidad es como se debe acudir a la segunda cita electoral que es la más importante de todas: la presidencial de 2030.

Por eso, quizá en 2027 el PAN no necesite escoger pareja, sino encontrarse consigo mismo.



  • Antonio Padilla
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