Cuba

Estado de México /

La acusación criminal contra Raúl Castro por parte del gobierno de Estados Unidos no debe leerse únicamente como un episodio judicial tardío. Lo que realmente estamos viendo es algo mucho más profundo: el regreso abierto de la política hemisférica de poder por parte de Washington.

Durante años, América Latina vivió una especie de Pax latinoamericana imperfecta, basada no tanto en afinidades reales, sino en una convivencia pragmática entre gobiernos ideológicamente distintos. Estados Unidos toleraba ciertos excesos regionales mientras no amenazaran directamente sus intereses estratégicos. Esa etapa terminó.

Trump ha decidido reorganizar el continente. Y lo está haciendo bajo una lógica distinta: seguridad continental, control energético, contención migratoria, combate al narcotráfico y, sobre todo, alineamiento ideológico. Venezuela fue el primer laboratorio de esta nueva doctrina. Cuba es ahora el siguiente.

El mensaje detrás del caso Castro es mucho más importante que el propio Castro, un anciano de 94 años de edad, cuya comparecencia ante una corte estadounidense probablemente jamás ocurrirá. El verdadero mensaje es que Washington ha dejado de reconocer inmunidades políticas históricas cuando considera que un régimen desafía sus intereses estratégicos.

Esto modifica profundamente las reglas regionales. Durante décadas, América Latina operó bajo la idea tácita de que ciertos equilibrios no debían romperse para preservar estabilidad. Hoy, Estados Unidos parece pensar exactamente lo contrario: que la estabilidad sólo puede existir mediante gobiernos alineados con su visión geopolítica La nueva prioridad estadounidense no es promover democracia liberal abstracta; es asegurar obediencia estratégica.

En ese contexto, México ocupa una posición inevitablemente delicada. Por tamaño económico, ubicación geográfica, integración comercial y peso migratorio, nuestro país es demasiado importante para quedar fuera de esta reconfiguración hemisférica.

Probablemente, contra México no veremos medidas extremas como las de Venezuela o Cuba. Sería inviable económica y políticamente. Pero sí una presión constante, gradual y creciente: en seguridad, energía, comercio, combate al narcotráfico, migración y alineamiento diplomático.

La gran pregunta ya no es si Estados Unidos reordenará América Latina. Eso ya comenzó. La verdadera pregunta es si los países de la región entienden que el viejo equilibrio continental murió y que estamos entrando en una nueva etapa donde la soberanía dejará de medirse sólo en términos jurídicos y empezará a medirse en términos de capacidad real de resistir presión extrema. Es la opinión tropical de tu Sala de Consejo semanal.


  • Arnulfo Valdivia Machuca
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