Por primera vez en 70 años, Cuba hoy amanece realmente bloqueada. Es verdad que, desde 1962, ese país caribeño ha experimentado un embargo por parte de los Estados Unidos, pero la realidad es que nunca, en todo ese periodo, hubo un aislamiento absoluto. Hoy, bajo la administración de Donald Trump, esa política se ha endurecido hasta asfixiar completamente a la isla, generando una crisis económica y social sin precedentes.
El embargo contra Cuba fue impuesto formalmente por el presidente John F. Kennedy, como respuesta a la nacionalización de propiedades estadounidenses tras la Revolución de 1959. A partir de entonces, se establecieron represalias económicas y financieras que, con el tiempo, fueron ampliándose mediante leyes como la Torricelli (1992) y la Helms-Burton (1996), que incluso sancionan a personas o empresas que comercian con la isla.
Pese a esas restricciones, Cuba siempre mantuvo relaciones comerciales con el resto del mundo. Sus principales socios han sido, en años recientes, China, España, Canadá, Brasil y México, con exportaciones de productos como níquel, azúcar, tabaco, bebidas y alimentos. Según datos de 2024, el comercio exterior de Cuba fue de casi 10 mil millones de dólares, lo cual demuestra que el embargo no operaba del todo.
Desafortunadamente y en paralelo, los sucesivos gobiernos cubanos fueron exhibiendo una preocupante incapacidad para construir una economía eficaz. La economía cubana se mantuvo basada en productos y actividades que han sido tradicionales desde la colonización española, sin incentivos para la inversión ni diversificación productiva. Mientras tanto, otros países que producen bienes similares, fueron sofisticando sus economías, con lo que Cuba fue perdiendo competitividad global.
Así, si bien es cierto que el embargo afectó históricamente el acceso al mercado estadounidense, con el tiempo se convirtió más en un pretexto para no modernizar la economía que en causa exclusiva del rezago económico. El bloqueo total que hoy enfrenta la isla, por lo tanto, sólo vino a agravar una ya angustiante situación económica, que es absolutamente estructural e interna.
Hoy, como el propio gobierno cubano declara, parece haber llegado la hora cero del régimen. La presión estadounidense busca, como en otros casos en la región, forzar un cambio de modelo político y económico. El embargo, antes parcial, se ha convertido en un bloqueo total, con consecuencias que irán más allá de la isla. La caída del gobierno cubano parece ser tan inminente e inevitable como también lo será la preocupante crisis humanitaria que ya se está generando. Y, sin duda alguna, el impacto regional será enorme. Habrá que estar preparados. Esta es la opinión continental de tu Sala de Consejo semanal.