Davos

Estado de México /

En mis años mozos, sin mucha experiencia y con demasiada impresionabilidad, me sentía extasiado de ser invitado al Foro de Davos. Hoy, con la ventaja de la experiencia y la conciencia, comprendo por qué gente pensante, que es invitada gratuitamente, se niega a ir, mientras que los menos brillantes pagan hasta 100 mil dólares por un boleto.

Este año sólo dos de las decenas de intervenciones en Davos me llamaron la atención: la de Javier Milei, Presidente de Argentina, y la de Kevin Roberts, Presidente de la Fundación Heritage. Con ambos estoy de acuerdo en algunas cosas, relativamente de acuerdo en otras y difiero absolutamente en otras más. Lo que a ambos alabo, sin embargo, es el valor para ir a decirles en la cara a los señores de Davos que su foro está podrido y ha perdido su espíritu. Eso sí lo comparto absolutamente con ambos.

Davos solía ser un espacio de creación y discusión de ideas, abierto a las mejores mentes. Hoy es un laboratorio de imposición de agendas a mentes pobres, que las aceptan y aprueban sin cuestionar, sólo porque suenan bonito o por miedo a criticarlas.

En Davos, 99 por ciento de los discursos dicen lo mismo y todos se aplauden entre sí, para convencerse de que lo que están haciendo es lo correcto. Es una letanía de futuros deseables, cubiertos de azúcar, que parecen ideales. Y es que lo deseable, cuando además se endulza, siempre sonará impecable, lo cual no significa que sea ni posible ni deseable.

Temas que suenan tan lindo como la feroz transición hacia los vehículos eléctricos son absurdos cuando se introduce el factor humano, que para ellos es lo menos relevante. Quiero entender cómo explicarle a un agricultor en Sri Lanka, que trabajó 30 años para comprar su primera camioneta de trabajo, que el próximo año debe adquirir un Tesla. O las fronteras abiertas: y si alguien cree en la migración humana soy yo, pero quiero ver quién le dice a una comunidad de destino en Estados Unidos que 200 mil nuevas personas disrumpiendo la vida normal son deseables porque así lo dicta la benevolencia humana.

Davos es un triste espacio de agendas masivas, inspiradas por visiones que ya no funcionan ni en los países de los que vienen, que se quieren imponer sobre millones de personas porque los intereses que ahí conviven así lo desean.

Por eso resalto el discurso de Milei y el de Roberts, pero seguramente esto también será tachado de nazista, porque la primera defensa de esta absurda democracia liberal, que es como le llaman a su consenso entre amigos para que también suene bonito, es descalificar al emisor, para entonces dejar de escuchar su opinión. Y hasta aquí la crítica antinatural de tu Sala de Consejo semanal.


  • Arnulfo Valdivia Machuca
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.