El espacio

Estado de México /

Hoy, mientras el mundo mira de nuevo hacia el cielo, la llamada misión “Artemisa 2” avanza en un objetivo maravilloso: orbitar y fotografiar la Luna, después de más de 50 años de no hacerse. Esto representa no solo un hito tecnológico, sino un recordatorio de que la exploración espacial parece haber regresado al centro de la agenda global.

Esta semana, los sistemas, las trayectorias y la coordinación internacional que hacen posible este viaje han sido puestos a prueba con éxito, confirmando que la humanidad está entrando en una nueva etapa de presencia sostenida más allá de la Tierra. Artemisa no es sólo una misión: es el preludio de una economía y una geopolítica que ya no se limitan a nuestro planeta.

Durante décadas, las políticas espaciales fueron consideradas patrimonio exclusivo de un reducido grupo de naciones avanzadas, aquellas con los recursos científicos, industriales y financieros para aventurarse fuera de la atmósfera. Sin embargo, esa visión ha quedado rebasada. Hoy, el espacio ha dejado de ser un símbolo de prestigio para convertirse en un terreno de competencia estratégica, donde cada país debe definir su lugar en el futuro.

Con el tiempo, la exploración espacial ha adquirido un sentido económico y social evidente e inevitable. Desde los satélites que sostienen las telecomunicaciones y la navegación global, hasta la observación terrestre que permite anticipar desastres naturales o mejorar la productividad agrícola, la política espacial se ha convertido en una palanca directa de desarrollo. A ello se suma su dimensión geopolítica: quien domina el espacio, influye en la seguridad, la información y su espacio regional y, en consecuencia, en el ámbito global. En ese contexto, invertir en el espacio ya no es un lujo, sino una decisión estratégica que tien retornos tangibles.

México no ha sido ajeno a esta historia, aunque su trayectoria ha sido irregular. La Agencia Espacial Mexicana fue creada en 2010, con grandes expectativas que, desafortunadamente, se enfrentaron a ciclos de entusiasmo y abandono, sin un plan estratégico consistente ni un financiamiento sostenido. A partir de la llegada del presidente López Obrador, se impulsó un viraje hacia una visión regional, dando paso a la Agencia Latinoamericana y Caribeña del Espacio (ALCE), constituida en 2021 como un esfuerzo de integración. Ojalá este nuevo enfoque sí se consolide como una política de largo plazo, capaz de traducirse en beneficios económicos, sociales, geopolíticos y geoestratégicos. Porque, al final, la política espacial debe asumirse como lo que es: una palanca con altísimas posibilidades de bienestar, y no un gasto suntuario e innecesario. Esta es la visión sideral de tu Sala de Consejo semanal.


  • Arnulfo Valdivia Machuca
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