Enemigos

Estado de México /

Yo tenía un tío que portaba pistola. Más de veinte veces lo escuché decir que si la sacabas era para matar porque, si no matabas, te matarían a ti. Esta es una lógica tan antigua como la guerra: enemigo que dejas vivo y apto, te dejará muerto o inapto. Así, ha muerto bajo misteriosas circunstancias Yevgeny Prigozhin, el líder del controvertido grupo mercenario ruso Wagner. En un accidente aéreo al noroeste de Moscú, Prigozhin y sus principales lugartenientes quedaron absolutamente calcinados.

El Grupo Wagner es una organización paramilitar rusa, vinculada al presidente Vladimir Putin. Dicho grupo actuó bajo órdenes directas del presidente ruso en conflictos como Ucrania, Siria y Libia, de forma paralela al ejército rojo. Fundado por el ex militar Dmitri Utkin terminó siendo dirigido por el hoy finado empresario Yevgeny Prigozhin.

Lo verdaderamente notable, sin embargo, fue que hace algunas semanas Prigozhin y su grupo de combatientes se atrevieron a cuestionar la autoridad de Putin por diferencias en la operación en Ucrania. Aunque el supuesto golpe de estado que el Grupo Wagner encabezó fue abortado, el poder de Putin quedó seriamente cuestionado, en una de por sí frágil situación interna en la que el líder ruso pierde aprobación todos los días frente a una guerra en Ucrania que simplemente no puede ganar.

Más allá del accidente en sí, la caída de este avión narra, con tonos oscuros y perversos, la Rusia que hoy encabeza Vladimir Putin. En una trama macabra, la única persona que había osado desafiar abiertamente el poder del mandatario ha sido silenciada de manera abrupta y terminal. Esta desaparición no sólo cierra un capítulo turbulento, sino que envía de nueva cuenta un mensaje claro y contundente: quien ose cruzar ciertas líneas en Rusia, pagará las consecuencias.

Sorprendentemente la muerte de Prigozhin no sorprende; era de esperarse que ocurriera. Se sabía que así sería desde el momento en el que dejó vivo a Putin. Lo adelantaba ya Sun Tzu, 400 años antes de Cristo, en su famoso libro El Arte de la Guerra: "La oportunidad de asegurarnos contra la derrota está en nuestras propias manos, pero la oportunidad de derrotar al enemigo la provee él mismo”. Prigozhin le regaló esa oportunidad a Putin en charola de plata; no sólo por perdonarlo, sino por subirse a un avión. No subirse jamás a uno fue justamente uno de los secretos de Hitler para no ser asesinado.

En el implacable juego de la guerra y la política, hoy se confirma una triste constante: la traición se paga con la vida; a veces simbólica, a veces, como ahora, literal. La relación entre la muerte del enemigo y el mantenimiento del poder ha sido una constante a lo largo de la historia y la Rusia de nuestros días lo vuelve a comprobar. Es el análisis letal de tu Sala de Consejo semanal.

  • Arnulfo Valdivia Machuca
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