Todo parecía sencillo y predecible, previsible y calculable; claramente anticipable. Pero la vida es cambio y el cambio es lo único realmente proyectable. En una sucesión de giros sorpresivos, la sucesión presidencial en México se ha convertido en una gran analogía con el fascinante mundo de la física y sus principios maravillosos, que hoy parecen gobernar tanto el comportamiento de fulgurosas estrellas lejanas como las intrigas lamentables de la política nacional.
Partamos de tres conceptos cautivadores: la Teoría del Caos, la mecánica cuántica y el Principio de Indeterminación de Heisenberg. La Teoría del Caos explica cómo sistemas aparentemente simples pueden presentar comportamientos inesperadamente complejos, debido a su sensibilidad a las condiciones iniciales; el famoso efecto mariposa, que registra cómo situaciones aparentemente irrelevantes desencadenan consecuencias inesperadas al modificar la trayectoria de los hechos. Por su parte, la mecánica cuántica nos lleva al universo indeterminado de las escalas microscópicas, en las que sólo podemos calcular probabilidades del comportamiento de las partículas, pero nunca certezas. Finalmente, el Principio de Indeterminación de Heisenberg establece los límites fundamentales sobre cuánto podemos conocer acerca de las propiedades de una partícula al mismo tiempo. Este es el impresionante mundo de lo impredecible en sistemas aparentemente predecibles.
Al igual que una pequeña mariposa genera una tormenta en el otro lado del mundo, en los sistemas políticos pequeñas variaciones en las condiciones iniciales generan cambios enormes a lo largo de los procesos. Por ejemplo, tres relojes caros en tiempos de austeridad, un ostentoso viaje familiar en avión oficial o la reiterada torpeza de la candidata predilecta. Tal como prevé la mecánica cuántica, el tiempo se vuelve relativo cuando opera en función de resultados esperados, pues todo sucede tan rápido y a la vez tan lento que sólo podemos estimar probabilidades. Finalmente, como dice Heisenberg, al mover un aspecto de un sistema político podemos terminar por distorsionar otro, como cuando por cerrar la puerta de una conferencia de prensa, creas una candidata opositora competitiva donde no existía.
En una suerte de superposición cuántica, la sucesión presidencial mexicana se ha convertido en un cautivador espectáculo científico que, como en la física, hace de la observación el efecto mismo que altera el estado del sistema, particularmente cuando el observador es un presidente que vive y respira a través de la percepción pública.
Al final, ni en la física ni en la vida existen certezas sino posibilidades y, tanto en la complejidad de la política como en la del universo, la única certeza resulta ser la incertidumbre. Es la elaboración experimental de tu Sala de Consejo semanal.