No todas las morenas son iguales. Tampoco lo eran los dinosaurios. Y es que, a medida que se disipa la polvareda histórica ocasionada por esa súbita avalancha hegemónica lopezobradorista, algo parece confirmarse en el paisaje político del país: Morena es efectivamente un nuevo PRI que, idéntico al original, se define a partir de tres patrones: Primero, la ausencia de ideología. Segundo, la diversidad de expresiones. Tercero, que es ante todo un mecanismo privilegiado de acceso al poder.
En cuanto al primer tema, debemos reconocer que la falta de ideología del PRI no fue un accidente, sino una respuesta pragmática a la heterogeneidad socioeconómica de México. En una nación con tal disparidad social, un movimiento no puede encasillarse en una sola ideología. De hecho, la falta de ideología fue lo que le permitió al PRI adaptarse a las circunstancias cambiantes de cada momento histórico. Esto es algo que Morena comprendió magistralmente y que ha sabido capitalizar en su ascenso y consolidación política. Cuando el PRI dejó de ser un movimiento amplio y decidió convertirse abiertamente en un partido de centro derecha, se volvió exclusivo y empezó a perder.
En cuanto a la diversidad de expresiones, basta analizar al recién inaugurado gobierno del Estado de México para confirmar este paralelismo. Nuestra gobernadora, Delfina Gómez, ha adoptado un estilo sobrio, discreto, inclusivo y estratégico. Algo más parecido al estilo del también morenista Alfonso Durazo en Sonora, que prefiere construir gobernabilidad y resultados antes que protagonismo. Ni a ella ni a él los veo desplegando un show mediático como los de la gobernadora de Campeche, Layda Sansores, en su “Hora del Jaguar”, o el del gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García, quien no deja pasar un día sin algún escándalo criminal.
Finalmente, como en los buenos tiempos del PRI, Morena es una aplanadora de acceso al poder a partir de una notable particularidad: carece de principios o valores. Es una máquina de ganar votos y ya. Por eso es ineficaz que la oposición busque vencerlos en ese terreno. Morena es un movimiento amplio, amorfo y dedicado a construir arraigo popular. Es un mecanismo que adapta su oferta y formas a lo que sea que le otorgue éxito electoral. La manera de gobernar después es irrelevante. Eso depende de la personalidad del líder local y de cómo éste se relaciona con la figura central del presidente. La fórmula es sencilla: mostrar lealtad en público y después gobernar a su manera, cuidando siempre no hacer ruido a nivel nacional para no llamar la atención. Y todos contentos.
Así, el 2018 de Morena fue el 1929 del PRI, por lo que, si quieres saber lo que el futuro ha de deparar, basta la historia estudiar. Y hasta aquí el análisis multiversal de tu Sala de Consejo semanal.