Paradojas

Estado de México /

La Bolsa de Nueva York superó los 7 mil puntos por primera vez en la historia. Este hecho, que es notable, podría sin embargo parecer absolutamente absurdo, si consideramos que hay una guerra en el Medio Oriente y otra que no para entre Rusia y Ucrania. Por lo tanto, el lector se preguntará, y con toda razón, ¿cómo se puede explicar esto?

Es una gran pregunta porque, de hecho, toca una de las paradojas más interesantes de los mercados globales: las bolsas no reflejan el presente, sino las expectativas futuras.

Aunque el entorno global sea adverso, los inversionistas no miran los conflictos actuales, sino su impacto estructural en las utilidades de las empresas en los próximos años. Si consideran que el daño será limitado o ya está incorporado en los modelos de negocio, el mercado sube y seguirá subiendo.

A ello se suma el relativo desacoplamiento de la economía estadounidense de estas guerras. La bolsa no es el mundo, es Estados Unidos; un país hoy más independiente en materia energética, con empresas globales diversificadas e incluso sectores que se benefician de la incertidumbre. Así, la guerra ya no pesa como antes.

El factor determinante, sin embargo, es la liquidez. Hay enormes cantidades de capital buscando rendimiento y grandes fondos que necesitan ser invertidos. Si a esto se suma la expectativa de menores tasas, el resultado es un flujo constante que empuja los precios al alza.

En cuarto lugar, el índice está altamente concentrado en pocas empresas tecnológicas: las llamadas “7 magníficas”, que tienen crecimientos sólidos, altas utilidades y menor exposición al caos geopolítico. Esto diluye lo que está pasando en el resto del mercado.

En quinto lugar, debemos notar que los mercados reaccionan a sorpresas, no a situaciones conocidas. Mientras los conflictos no escalen de forma abrupta, dejan de ser un factor de peligro. En términos financieros, las guerras ya están “incorporadas a los precios”.

Finalmente, a todo esto se suma un elemento psicológico: en tendencia alcista, el dinero sigue entrando y el miedo se normaliza.

Y, a pesar de todo esto, lo que está sucediendo, puede ser también una señal de riesgo. El alza en medio de la incertidumbre puede reflejar tanto exceso de confianza como desconexión con la realidad. Por eso, yo sigo sosteniendo que las predicciones optimistas en medio del caos geopolítico que estamos viviendo son aventuradas y peligrosas y, por lo mismo, a pesar de la aparente euforia bursátil, se debe generar una estrategia conservadora de protección de activos. En un mundo en que nada está resuelto, en realidad hay poco bueno que esperar en los próximos meses. Esta es la recomendación patrimonial de tu Sala de Consejo semanal.


  • Arnulfo Valdivia Machuca
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