Hace un par de días leí una publicación en la que una vidente se jactaba de haber acertado que Nicolás Maduro sería removido del poder en Venezuela. La realidad es que, para prever eso, no se necesitaban poderes sobrenaturales. En esta columna lo advertimos desde el 27 de agosto pasado. En una colaboración llamada, de hecho, “Venezuela”, adelantamos que Maduro iba a caer. Tres fueron los escenarios que planteamos: por decisión, por traición o por invasión. Acertamos a dos de los tres.
A estas alturas, alimentar la discusión global sobre si la invasión estadounidense violó el derecho internacional o acerca de la ilegitimidad de la elección de Maduro sería inútil. Millones de litros de tinta ya se utilizaron para ello en los últimos días. Y la realidad es que ambas partes, por una razón u otra, están en falta. Y ambas partes, claramente, también dejan sentados precedentes funestos para la estabilidad global. La pregunta, sin embargo, ante los hechos consumados, tendría que ser, más bien, ¿qué sigue con Venezuela?
La primera cuestión a analizar es por qué, si los estadounidenses extrajeron a Maduro, optaron por mantener vigente al régimen chavista, permitiendo la toma de posesión de Delcy Rodríguez como presidenta interina, así como la supervivencia política de Diosdado Cabello, sobre quien también pesan graves acusaciones, al menos desde el punto de vista de los Estados Unidos. La respuesta es pragmática: aprendieron de los desastres de ingobernabilidad que idénticas intervenciones generaron en Irak y Afganistán. La decisión parece haber sido la de permitir que sea el mismo régimen el que articule una eventual transición. Borrar de golpe toda institucionalidad, así les sea adversa, habría sido un suicidio político por la inestabilidad que eso hubiera generado.
La siguiente cuestión es a quién van a apoyar los Estados Unidos para ejecutar lo que ellos ven como una transición hacia una democracia afín. Nada parece indicar que sea abiertamente a María Corina Machado o a Edmundo González. Podría ser, pero hoy no es claro. Todo indica que Washington quiere mantener abiertas sus cartas, entendiendo que Machado y González podrían polarizar demasiado la transición, volviéndola inoperante.
Al final, y como se preveía, intervenir en Venezuela resultó mucho más difícil que detener a Maduro. Si bien esa fue una operación impresionantemente compleja, no se compara con lo que viene: una bomba de imprevistos políticos, económicos y sociales, que vuelve cualquier pronóstico temerario. Lo que sigue es incierto, complejo, multifactorial e imposible de prever. Continuemos atentos o, ahora sí, sugiero que contratemos a la vidente. Esta es la opinión astral de tu Sala de Consejo semanal.