T-MEC

Estado de México /

Durante décadas, los tratados comerciales se habían pensado en términos económicos: aranceles, exportaciones, crecimiento. Esto cambió. Y lo hizo de manera radical. La revisión del T-MEC confirma que el comercio ha dejado de ser un asunto económico, para convertirse en uno político, ligado a la seguridad nacional.

Formalmente, México, Estados Unidos y Canadá iniciarán en julio la revisión conjunta del tratado. A primera vista podría parecer una cuestión procedimental. La realidad es más profunda: a los Estados Unidos ya no les importa solamente cuánto comercian, sino qué tan vulnerables son mientras lo hacen.

La pandemia mostró algunos de los riesgos de depender de proveedores lejanos para bienes esenciales. Después, la guerra en Ucrania convirtió la energía en un arma geopolítica. Y a esto hay que agregarle una creciente rivalidad entre Estados Unidos y China por los microchips, la inteligencia artificial y los minerales raros. Como resultado, prácticamente todas las cadenas de suministro han dejado de ser un tema empresarial, para convertirse en una prioridad gubernamental, militar y de inteligencia.

Por eso, la revisión del T-MEC tiene una importancia que va mucho más allá del comercio. Cuando Washington discute reglas de origen, contenido regional o integración energética, no está pensando únicamente en competitividad. Está pensando en su margen estratégico de maniobra y está preguntándose qué tan preparada está la región para enfrentar, como bloque, un mundo radicalmente distinto al que teníamos cuando se firmó el TLC en 1992.

Hace incluso un año, en México y Canadá se tenía la impresión de que el T-MEC se revisaría desde una óptica técnica. Predominó, además, la idea de que la evidente complementariedad económica resolvería las diferencias entre los tres países. Hoy ocurre algo diferente: ha quedado claro que serán las consideraciones geopolíticas las que determinarán los criterios económicos.

Aún bajo estas complejas circunstancias, México tiene una oportunidad histórica en este nuevo entorno. La historia de colaboración y la cercanía geográfica nos convierten en una pieza central de la reorganización productiva regional y global. Pero esas ventajas no son suficientes bajo la visión estadounidense. Si no demostramos ser confiables desde la óptica geopolítica, dejaremos de ser un socio estratégico, para convertirnos solamente en vecinos con privilegios.

Por lo tanto, es fundamental dejar de ver al T-MEC solamente como un acuerdo comercial. No lo es más. En realidad, se ha convertido en un instrumento central de la arquitectura de seguridad nacional, regional y global que se está reconstruyendo en la actualidad. Es la opinión conceptual de tu Sala de Consejo semanal.


  • Arnulfo Valdivia Machuca
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