El desierto de los tártaros y la eterna espera

Estado de México /

El fondo de la obra El desierto de los Tártaros de Dino Buzzati, es la expectativa. Giovanni Drogo llega a la fortaleza Bastiani convencido de que su destino será la gloria militar, pero termina atrapado en un espacio donde el tiempo se diluye y la promesa de una batalla, que daría sentido a su vida, nunca llega. La novela no trata de la guerra, sino de la ilusión de que algo decisivo está por ocurrir mientras la vida se consume en la inercia.

Esta metáfora resulta especialmente pertinente para pensar la situación política mexicana contemporánea. Desde hace décadas, el país vive en una narrativa de transformación permanente: cada sexenio promete el cambio decisivo. La gran reforma, el fin de la corrupción, la pacificación definitiva, el crecimiento incluyente, mejores salarios, una eterna expectativa que alimenta la espera colectiva.

Como los soldados de la fortaleza, los ciudadanos permanecen atentos al horizonte político, convencidos de que el cambio estructural está por llegar, mientras la vida cotidiana sigue marcada por la violencia, la desigualdad, el narco y la fragilidad institucional. En la novela, la fortaleza se convierte en una estructura que da sentido a la espera misma. Los militares tienen la expectativa de enfrentar el ataque tártaro para justificar su permanencia.

De modo similar, México es la fortaleza que mantiene viva la expectativa del “gran momento”. Giovanni Drogo, el protagonista, pospone constantemente su partida de la fortaleza porque teme perder la oportunidad de la gloria. El ciudadano mexicano, por su parte, tolera las deficiencias estructurales, sistemas de justicia ineficaces, justifica el proceder de los políticos, sí son parte del Estado gozan de los beneficios públicos, corrupción, narcopolítica, con la esperanza de que el próximo ciclo político traiga el cambio tan esperado. La espera ocupa un asiento en la realidad mexicana.

Sin embargo, la lección más dura del autor Buzzati es que el momento esperado llega cuando ya es demasiado tarde para Giovanni Drogo: enfermo y aislado, comprende que la vida se le fue aguardando un acontecimiento que no dependía de él.

Esta imagen interpela a la sociedad mexicana: la transformación no puede ser un suceso mesiánico. Si el cambio se concibe siempre como algo que vendrá desde arriba con tintes celestiales, el país corre el riesgo de reproducir el ciclo de espera infinita. México necesita convertir la expectativa en acción cívica, la promesa en política pública y la esperanza en responsabilidad compartida. Solo así la espera dejará de ser destino y se podrá transformar en historia.


  • Arturo Argente
  • Tec de Monterrey, Campus Toluca.
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