La Montaña Mágica

Jalisco /

El tiempo suspendido deja su omnipotencia, pasa sin alterar el trayecto de la existencia, no hay futuro y el presente es la repetición del pasado. La Montaña Mágica de Thomas Mann, novela escrita en 1924, es un profundo estudio filosófico sobre el tiempo, la naturaleza del cuerpo, la enfermedad en la limitada estancia de un lujoso sanatorio. El encierro en los Alpes Suizos evoluciona de una cura a una condena. Conocen las fechas de llegada, las de salida no están planteadas, la incertidumbre y la renuncia se convierten en un círculo de placer, que no cabe en la imaginación de Dante.

El personaje principal Hans Castorp llega para visitar a su primo que padece una afección pulmonar, y absorbido por la rutina, la sucesión de los días en la disciplina de la “cura”, se queda sin plantearse la salida. El espacio de la acción es un limbo, un impasse, las habitaciones no tienen calendarios, los pacientes no usan relojes, sólo al inicio Hans lleva uno para medir los minutos mientras usa el termómetro, entonces describe cómo pasan los segundos, la larga espera para que el mercurio suba y le diga que aún no puede regresar “abajo”.

Los pacientes y doctores en las montañas son los de “arriba”, la gente de los pueblos y ciudades son los de “abajo”, la pregunta es ¿cuándo volverán a ser gente de “abajo? Ni los doctores lo saben, repiten cuando alguien se va, “ya regresará y no podrá volver a salir”. La resignación ante un cuerpo ingobernable y la incapacidad para comprenderlo, imponen una estancia que simboliza la vida como una efímera espera. Seguimos ignorantes de la psique, de ese espíritu inmaterial que obliga a la materia a seguir viviendo.

El limbo del sanatorio se descubre en Purgatorio, ahí las almas hacen la antesala de su destino en el lujo de comidas abundantes, paseos por hermosos paisajes, la amistad, amoríos y los pleitos entre pacientes, discusiones sobre historia, sociología y teología entre los amigos de Hans Castorp, ¿de qué otra cosa se podría hablar en el Purgatorio? Hans se emociona al escuchar el Tilo sin flores, el lied o canción de Schumann, “El cambio es hijo del tiempo, que con la separación nos amenaza, y el futuro que nos muestra, es un pálido reflejo de la vida”.

Los recuerdos de la infancia de Hans son premoniciones del futuro, las marcas del pasado son las leyes del presente. Al salir a esquiar se pierde en las montañas, se impone sobrevivir ante la visión delirante del sacrificio de un niño que podría ser él mismo.

El sueño se romperá con la violencia de otra realidad, los de “abajo”, arrastrarán a los habitantes de ese Purgatorio de termómetros, medicinas y largas conversaciones, a un Infierno de aniquilación. La espera termina, el destino ha llegado, con decisión Hans escucha sus presagios y se lanza heroico a vivir lo que en esos años había estado buscando: una razón para que los calendarios, los relojes y cada segundo tengan un motivo, algo qué marcar, y sean una guía para comprender el presente.


  • Avelina Lésper
  • Es crítica de arte. Su canal de YouTube es Avelina Lésper
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