La voz humana

Jalisco /

Las sirenas encuentran sus melodías en el ritmo de las olas, escuchan los sonidos de las caracolas y los imitan, hasta crear un coro que envuelve la distancia borrando los puntos cardinales, el mar es un laberinto sin paredes, un círculo infinito que arrastra al fondo. Los marinos las esperan, ponen atención, la promesa es navegar en esas voces, en un mar que lleva al placer eterno.

La voz es el otro lenguaje del oráculo, las pitonisas al pronunciar sus visiones cambiaban la tonalidad, eran pasado, tragedia, ventura, advertencia y la voz entraba en la psique como una serpiente, hipnótica, la verdad es la música. La caverna del augurio tenía un coro, cada pitonisa, cada oráculo era seguido por un coro de voces, los mensajes se cantaban, agudos, graves, guturales quejidos y gritos sofocados, las visiones eran partituras de los infinitos sonidos de la voz.

La voz humana seduce, engaña, ruega, ordena, posee matices inabarcables, instrumento musical que canta, entiende la música. Prolongación de la psique es retrato de quiénes somos, nos describe y descubre. Los animales, más sensibles que nosotros, saben comprender el tono de voz, encuentran las verdaderas intenciones, el amor o la desesperación, son atentos escuchas, memorizan esa voz en un código que les avisa a distancia quién és y qué siente.

Eurídice también fue seducida por una serpiente, se encontraron en el bosque, y provocó la curiosidad de la ninfa que creía que la música de Orfeo era la más bella que existía. “No es así, existe música misteriosa, cantada por voces que nunca has escuchado, en coros infinitos que te envuelven, la lira de Orfeo es un triste instrumento. La voz humana posee más tonalidades y la voz que ha dejado de ser humana, la voz que es espíritu y niebla posee la belleza de lo inasible”

Eurídice le rogó que la llevara a escuchar esas voces, y la serpiente la mordió para mostrarle el camino. Eurídice entró al inframundo y escuchó voces que venían del irrecuperable pasado, de lugares inexistentes, cantos que contenían las leyendas nunca escuchadas, entones cantó y se escuchó a sí misma, las voces la imitaron, creando una sola voz que inundó el tiempo.

Orfeo trató inútilmente de rescatarla, su lira no fue suficiente, tocaba notas que eran devoradas por los coros y desaparecían en su debilidad sonora, en sus limitados matices. Regresó a su mundo sin Eurídice, y con la sensación de que es la voz el único instrumento que debe aprender a interpretar. Olvidar palabras, recordar voces ¿en qué lugar de la memoria las guardamos? Decir es cantar, modulamos la voz para darle más significado a las palabras, dotarlas de contenido y emoción, es un vehículo de lo que pensamos y sentimos. Las palabras dicen algo y la voz demuestra otro significado. Aprender a escuchar es conocer esas tonalidades, interpretarlas, el alma se desnuda, cantar, gritar, llorar, reír, es la voz, ese espejo que arroja un reflejo efímero, intangible que flota en el tiempo.


  • Avelina Lésper
  • Es crítica de arte. Su canal de YouTube es Avelina Lésper
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