Marta Minujín

Jalisco /
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Marta Minujín pertenece a la generación de célebres mediocridades, como Yoko Ono y cientos de performanceros que sobrevivieron a los años setenta y los ochentas, se exhiben en los museos entre las reliquias del arte VIP (Video, instalación, performance) que carece de consagrados y de obras maestras, porque dicen que dominar la técnica, tener maestría pasó de moda, y por eso personajes como ellas se venden de artistas.

Su carrera ha circulado por la autopista de la repetición, el show cutre, el abuso de animales, el desperdicio de comida y la protesta soft. El asunto es que sus instalaciones y performances están dirigidas a la autopromoción de ella como personaje que se dice artista y lo que hace pueda superar el estatus de payasada. Iré por partes, porque es más sencillo hablar de artistas verdaderos que de personajes que pretenden serlo.

El arte siempre ha sido moderno y siempre ha sido revolucionario, eso del “arte antiguo o arte del pasado” no existe, lo inventaron los académicos que están negados parA ver el arte. Cada paso que el arte ha dado implica una evolución intelectual, técnica, ética y de estilo. Actualmente “El desayuno en la hierba” de Manet sigue transgrediendo, y más ahora con el puritanismo de la corrección política, es impensable ver una obra como esa, que en su momento sembró la histeria en Paris y motivó a escritores, poetas y pintores a ir más allá de los prejuicios de la época.

Utilizar y maltratar animales: caballos con botes de pintura en la cola, lanzar pájaros, conejos, pollos vivos al público; desperdiciar comida, el obelisco de pan, las recurrentes mazorcas, y establecer los colchones usados como material de rigor. Las instalaciones y performances son superficiales y efectistas: mujeres embarazadas y globos, ella sale de una caja, música y “bailes” son actos que hacen de las obviedades su concepto rector.

Lo que si deja claro Minujín en su trayectoria es que para llamar la atención no se requiere talento, se requiere una urgencia patológica de protagonismo, esto fue posible en un momento en que el arte era pisoteado por un concepto esclavizante de la libertad. Destruir la disciplina, negar el trabajo artístico que busca alcanzar la maestría, ocultarse detrás del show para decir nada y no tomar riesgos intelectuales y sociales, fueron las puertas que se abrieron para interminables generaciones de mediocres exhibicionistas que se consideran artistas activistas, infestando los museos con su basura.

En su contexto histórico las ocurrencias de Minujín eran menos del estándar, porque cientos hacían lo mismo, hoy se ven obsoletas y muy elementales. En su autopromoción ha explotado al máximo sus fotos con Andy Warhol, y ese es su verdadero paso a la fama, sus obras sin este antecedente estarían en el cementerio de lo irrelevante. Las obras de Minujín no son arte, porque para hacerlas no se requiere oficio artístico, se convirtió a sí misma en un objeto sin objetivo, sin contenido. La fama es poca cosa para el arte.


  • Avelina Lésper
  • Es crítica de arte. Su canal de YouTube es Avelina Lésper
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