El arte es eterno, eso va más allá de su trascendencia. Es eterno porque es una presencia para que accedas a ella en cualquier momento de tu vida. Se piensa que la educación artística debe iniciar en la niñez o en la juventud, ese camino de conocerlo y abordar la creación es una decisión temprana. No es así.
El arte y los seres humanos, no tienen fecha de caducidad, disfrutamos de las novelas del siglo XIX, como Balzac y Víctor Hugo, las llevan al cine y poseen el mismo magnetismo que cuando fueron publicadas por capítulos en los periódicos. Esa vigencia es la misma del deseo de crear, que muchas veces se posterga o se reprime porque la vida exige tener una formación enfocada a la producción, la seguridad económica.
La creatividad, el arte, la contemplación se segrega como exclusivo de los artistas profesionales que viven de eso. Los años pasan y ya no “tienes edad para eso”, ¿cuál edad? La creatividad no tiene una cronología, no se es más o menos creativo con la edad, y en muchos casos, la experiencia otorga una historia que impulsa, que da más arrojo, porque ya no hay nada qué temer, todo se ha vivido. La emoción de ver una obra en un museo o presenciar un concierto es la necesidad de formar parte del proceso creativo.
Las personas que alcanzan ese momento de jubilación, que han terminado con esas obligaciones tiene el camino del arte para encontrar su voz lejos del utilitarismo y la presión de dar resultados. La voz interior, el monólogo personal se mutila y se silencia. Las “prioridades” lo callan. La crisis al dejar de “sentirse útil” es porque nos sometemos a ser una herramienta más que una persona. El arte se crea, se contempla y se disfruta desde la voz íntima que se ha callado durante años.
Paul Gauguin inició su carrera a los 35 años, y se considera “tardío”, y ¿qué pasa con 60 o 70 años? Es momento de hacerlo, de recorrer el placer, la emoción y la responsabilidad de crear y encontrar la verdadera voz. Inicia con la contemplación, para crear debemos admirar y gozar con el arte, con la belleza y despertar el estado de alerta a nuestra cotidianeidad como fuente de inspiración.
Lo vivido, la propia historia es el inicio, todo merece ser narrado y recordado. En los cientos de deseos guardados puede estar hacer cerámica, tomar clases de canto, escribir cuentos. Sin la aspiración de “ser artista”, sólo con el poderoso deseo de expresar la propia existencia, las emociones, las historias guardadas. Ahora es momento de hacerlo, la guía es la necesidad y eso es impostergable.
Ahora mismo, porque estás con vida. Ahora mismo porque tienes mucho qué decir. Ahora mismo porque es urgente que surja el misterio de tu mirada del mundo. Procrastinar ese deseo es un castigo, es la anulación de tu sensibilidad que merece ser escuchada. El arte es el presente y ese presente es tuyo, será el prodigio de descubrir que puedes hacer más de lo que hasta hoy te has permitido, en ese instante detendrás a la fugacidad de la vida.