Permiso para crear

Jalisco /
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La creación artística ha perdido espacio de libertad, la búsqueda de significado está limitada por las imposiciones morales actuales. En una atmósfera puritana y de censura, el arte carece de autonomía para investigar y profundizar. Los discursos “sociales” se han convertido en el peaje que el artista y su obra deben pagar para pertenecer al estatus cultural y para exponer en un museo.

Las obras deben ser sociales, lanzar consignas, alinearse con una corriente política, protestar con el tema de moda en las redes, formar parte de colectivos y estar del lado de los “buenos”. Su visión es maniquea, el mundo se divide entre lo que ellos defienden, siempre bueno, y lo que atacan o denuncian, siempre malo. Los temas van del lugar común a lo predecible: la ecología y el calentamiento global, la desigualdad social, la guerra, el capitalismo es el gran villano y las minorías que ellos defiendan.

Este reducido espacio temático permite a los artistas VIP no pensar, que de por sí no lo hacen, y que sus obras siempre entren en la moral de la corrección política, lo cual les otorga un pase directo a las subvenciones y museos. Tienen poco que decir y mucho menos qué hacer. Basta con seguir el manual y lo que hagan es una garantía para merecer la medalla de artistas activistas, que les abre las puertas institucionales.

La constricción a estas premisas sociales desprecia el hecho de que la creación artística es investigación, sumergirse en los orígenes y los objetivos de la obra. La creación no sólo estudia los recursos materiales para realizar la obra, además establece las búsquedas estéticas y espirituales que le darán forma y sustancia. Son una unión indivisible, para que las ideas se manifiesten y sean reales en el presente.

Investigar en el color, en sus variaciones, consecuencias emocionales y espirituales. Adentrarse en la forma y la textura de una escultura, en su peso y fuerza en el espacio, perseguir la infinita expresión de la línea, han dejado de interesar a las escuelas de arte y los museos. Los artistas que dedican su trabajo a resolver sus debates estéticos internos, se les juzga como antisociales o fuera de esta época por no alinearse con la ideología y la moral de la corrección política.

Los museos son voceros de las ONG, las obras expuestas materializan sus slogans, eso no hace al arte VIP más social, le facilita el discurso para que cualquier objeto sea bendecido por sus intenciones morales. La imposición socializante llega a infinidad de ámbitos creativos: moda, gastronomía, arquitectura, etiquetarles un discurso social las protege de la crítica y el análisis, las hace “buenas” moralmente y eso es más importante que cumplir un objetivo estético y sensorial.

Cuando los artistas son consecuentes con sus búsquedas artísticas la sociedad se interesa en el arte. La contradicción es que entre más socializante es el arte la sociedad tiene menos interés en presenciarlo. Los museos se han convertido en el vacío contenedor de la demagogia.


  • Avelina Lésper
  • Es crítica de arte. Su canal de YouTube es Avelina Lésper
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