Pedir un deseo sustituye a la voluntad. Desear es el punto de partida de la ausencia, de lo que no tenemos, pero el milagro es que pensar en eso con la intensidad de la “energía” personal, magnetismo, física cuántica o alguna entelequia, todo se puede materializar. La voluntad decía que para realizar un deseo el camino es hacerlo y actuar. Eso no está de moda, es obsoleto, veamos las últimas tendencias del progreso personal.
La lista de deseos es la versión optimista de la flojera y el pensamiento mágico. Sin embargo es oportuno analizar las tendencias de la psique colectiva en momentos propicios, el doble eclipse auspicia a esta columna. Las listas de deseos, esas peticiones públicas o privadas son una descripción de la personalidad del deseante: dime qué deseas y te diré quién eres.
Existen varios tipos de “deseadores”: los mesiánicos que piden cosas imposibles que los hagan ver como buenas personas comprometidas y humanistas, desean que reine la paz mundial, que se acabe el hambre, que cese el calentamiento global, es decir, peticiones que están fuera del alcance, pero podrían enmarcar su lista y presumirla.
Deseadores supersticiosos: pidan lo que pidan pasa por hacer magia y cumplir rituales complicados, guardar la lista dentro de un coco con un ratón y dulces, esconderlo en luna llena y mantenerla en estricto secreto. Si los deseos se cumplen tiene que realizar otro ritual mágico,como bailar alrededor de una fogata, rezar y regar agua de siete fragancias aunque apesten y contaminen el entorno.
Deseadores materialistas: son peores que los sindicatos,piden riqueza, carros de lujo, ganarse la lotería, mansiones o encontrarse un tesoro enterrado, todo sin jornada de ocho horas y sin dar golpe. Realizan rituales en total hermetismo porque no quieren compartir con nadiesus guanacias.
Deseadores políticos: son los desalmados, estos persiguen el poder y son capaces de rituales infamespara que sus deseos se cumplan, es una lista de nombres que deben desaparecer del planeta para liberar su camino a la cúspide. Se asocian con personajes siniestros, el miedo y la sospecha escriben esta lista, temen de los aliados más que los opositores.
Deseadores románticos: dicen que quieren el amor, pero en realidad es una pasión enfermiza, posesiva, adueñarse de la vida de una persona, controlarla. Los celos escriben estas listas, y las habita la insatisfacción, porque aún consiguiendo a la persona anhelada, la duda merma las entrañas.
La moda de las listas de deseos, creer que la mente puede atraer lo que sea sin esfuerzo es el perfecto escapismo de nuestra sociedad, que recomienda leer la lista todos los días, llevarla consigo, y que todo llegará. El pensamiento “positivo” es fundamental, porque si los deseos no se cumplen, por obvias razones, es culpa de la falta de fe y buena energía del deseante. Tener voluntad y determinación deberían encabezar estas listas.